SAN ILDEFONSO EN EL TIEMPO ūĎĀ¶ Creaci√≥n del Colegio de San Ildefonso

Creación del Colegio de San Ildefonso

A 450 a√Īos de la llegada de los jesuitas a la Nueva Espa√Īa

Jonatan Ch√°vez* 

Se ense√Īa en nuestras aulas, desde los primeros rudimentos
de la latinidad, hasta los más pomposos tropos de la Retórica
y sublimes m√ļsicos cantos de la poes√≠a latina…

Mirar el pasado sin la √≥ptica y circunstancias del presente, es uno de los ejercicios m√°s complicados para el ejercicio de la historia. La academia recomienda siempre y ante todo la b√ļsqueda de la objetividad; sin embargo, se puede caer f√°cilmente en la trampa y como resultado podemos emitir juicios de valor por asertivos.

Es el caso del asentamiento de los colegios jesuitas en la Nueva Espa√Īa, una posible trampa si al revisar su historia lleg√°semos a suponer que, con la cantidad de recintos creados en un primer momento, estos fueron copiosos en estudiantado y recursos para sostenerse, aunque la situaci√≥n no fuese as√≠. 

Un colegio en el siglo XVI ten√≠a como objetivo reunir a un grupo de estudiantes interesados en una disciplina que era impartida por un catedr√°tico o profesor especializado en ella. Debido a lo complicado de mantener esa reuni√≥n, los estudiantes pagaban una cantidad que cubr√≠a el aprendizaje recibido, as√≠ como el alojamiento y alimento, de esta manera se crearon infinidad de colegios en el viejo mundo, muchos de los cuales incluso fueron la antesala de las universidades medievales. 

El auge de la educaci√≥n que se deton√≥ en el siglo XVI —como lo menciona Richard Kagan— provoc√≥ el desarrollo de una revoluci√≥n educativa que se propag√≥ en Am√©rica. Las sociedades que se formaron aqu√≠ no fueron ajenas a ese fen√≥meno cultural, en el que la difusi√≥n de saberes se propag√≥ gracias a la producci√≥n de libros impresos sobre papel que, si bien a√ļn era un producto de lujo, facilit√≥ la impresi√≥n de folletines, cuadernillos producidos en mayor cantidad —no en serie— y permitieron la difusi√≥n de saberes, gracias a la generaci√≥n del h√°bito en la cultura global por leer y escribir. A este contexto pertenece la etapa de creaci√≥n de la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs y su proceso propagador; ser√°n la metodolog√≠a y los contenidos impartidos los que har√°n de los colegios, espacios necesarios para las sociedades criollas, en las que sus j√≥venes encuentren la posibilidad de acceder a la educaci√≥n.

Hesiquo Irirarte y Santiago Hernández, Juramento de Iturbide en la Iglesia de San Pedro y San Pablo, 1874, Litografía.

Establecidos en la Ciudad de México a fines del s. XVI, los jesuitas dieron lugar a la constitución de los colegios de San Pedro y San Pablo, y San Gregorio; más tarde San Miguel y San Bernardo. La necesidad de contar con recursos y misioneros hizo de los colegios lugar reunión para los jóvenes, sin embargo, la poca matrícula y los gastos para sostener dichos espacios, sin olvidar que la labor evangelizadora era prioridad, dio por resultado una serie de problemas administrativos que fueron resueltos con la fusión de colegios como el de San Bernardo y San Miguel, con los que nació el Colegio de San Ildefonso.

La reuni√≥n de poblaciones estudiantiles en un solo recinto implic√≥ la necesidad de encontrar un espacio m√°s grande. Claudio Acquaviva, general de la compa√Ī√≠a en tiempos de la creaci√≥n del Colegio de San Ildefonso. instruy√≥ crear c√©lulas m√°s s√≥lidas que permitieran el trabajo evangelizador y as√≠ mantener un equilibrio entre ambas acciones que fueron el pilar en el quehacer de la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs. 

Reminiscencias de aquellos espacios que dieron lugar al recinto que hoy ocupa San Ildefonso, se encuentran a un costado de la calle de Argentina, donde se puede ver un letrero que da a un acceso —ahora usado como estacionamiento— donde se puede leer San Miguel sobre un marco p√©treo mixtil√≠neo que guarda similitudes estil√≠sticas y temporales con la f√°brica del Colegio de San Ildefonso, lo que demuestra que en alg√ļn tiempo hubo correspondencia con el edificio jesuita fusionado, adem√°s de las referencias dejadas por diversos autores que consideraron el espacio de colegios jesuitas una especie de fortaleza.

Antiguo Colegio de San Ildefonso ©Imprenta de la Reforma, 1882

La conformación del Colegio de San Ildefonso dio origen a otro proceso que será motivo para conocer más adelante: no bastaba con emitir instrucciones para la creación de espacios formativos, se requería que estos alcanzaran reconocimiento y prestigio de la educación que ahí se impartía; era necesario constituirlos ante las autoridades virreinales para recibir de estas el reconocimiento institucional para su funcionamiento.

Sin duda esto significaba un largo camino dentro de la burocracia del imperio espa√Īol —que los jesuitas habr√≠an de recorrer, salir airosos y les vali√≥ ganarse la confianza de las administraciones—. Con el paso del tiempo se refrend√≥ que los jesuitas hab√≠an llegado a una tierra que los abraz√≥ como suyos y que habr√≠an de dar los primeros frutos del criollismo, alimentado por el amor a la tierra donde se hayan las ra√≠ces de la identidad cultural novohispana.

Bibliograf√≠a 

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  • Vargaslugo Elisa. (1997) “El Real y M√°s Antiguo Colegio de San Ildefonso”. en Antiguo Colegio de San Ildefonso, M√©xico, Nafin, 1997.
*Historiador, Coordinador de Voluntariado y Servicios al P√ļblico del Colegio de San Ildefonso.

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