MAESTROS MURALISTAS

La Capilla Riveriana en la Universidad de Chapingo 

Jonatan Chavez* 

 

Se trata de una obra para la que sería inútil buscar un equivalente, no solo en el resto de América, sino también en Europa o en Rusia. El azar ha hecho que sea México donde se revele por primera vez una de las obras de arte nacidas del materialismo socialista y agrario...La emoción prevalece, una seducción irresistible rinde toda critica a sus pies, 

su dibujo apabullante, una representación de todos los violetas, naranjas, tiernos verdes y rosas de fuego revelan todo su manto de delicias, la totalidad de la voluptuosa gama de la luz mexicana...

 

Louis Gillet 

sobre la obra de Diego Rivera en Chapingo



Era un hecho que Diego Rivera no nació para pasar desapercibido: su fisonomía, personalidad, pensamiento y posturas ideológicas lo tenían siempre a mitad de la controversia, entre el rechazo y la confrontación. Cual sea el caso, lo que no se puede cuestionar es que ante todo, su voluntad y determinación eran férreas e inamovibles, especialmente al ejecutar en su pintura las pretensiones e ideas que en más de una ocasión podrían haber sido contrapuestas y que lo hacían objeto de críticas corrosivas y fulminantes como la siguiente, de José Juan Tablada: 

Diego Rivera, Instituto Nacional
de Bellas Artes

Rivera cree que todo lo está permitido, Su elefantiasis física es también moral…es un tapir, un elefante plebeyo… esa es la característica de Diego: ser plebeyo, lo cual no tiene nada que ver con las normas políticas que él, aunque revolucionario de pousse-café, se cree obligado a promulgar en su pintura, en su persona, en su bastón de Apizaco y en sus humazos de marimusica…

La inquietud de Rivera de vincular su obra mural a las filosofías milenarias de distintas tradiciones universales no estribaba solo en la búsqueda de un estilo y lenguaje propios; no debe olvidarse que cada muralista hizo para sí un constructo particular de lo que entendía como pintura mexicana, una nueva pintura heredera del proceso milenario de dos civilizaciones que tuvieron el destino de enfrentarse.  

¿El proceso se entendía? Sí, pero la manera en que los artistas seleccionaban lo que desde ambas tradiciones era conveniente destacar —bajo la consigna y justificación de que estaban en el camino de crear un lenguaje pictórico que reunía tradición y riqueza cultural—, lo volvía aleatorio, pues la finalidad de que este lenguaje plástico representara a la emergente nueva nación mexicana que surgía de aquella revolución social, acontecida unos años atrás, no se expresaba de modo único por lo próximas que se encontraban multiplicidad de opiniones de intelectuales, historiadores y críticos, quienes postulaban que lejos se estaba de dar respuestas totales sobre un proceso aún en ciernes.

Por otro lado, Diego Rivera no dejó de participar en los grupos políticos de su tiempo, lo mismo perteneció a la logia masónica de los rosacruces, que al partido comunista; en su lenguaje de códigos abrevaba y reunía aspectos de una y otra filiación.

Las escenas de la capilla de Chapingo realizadas por el artista guanajuatense son de una carga simbólica contundente: reúne presencias metafísicas que llenan el paisaje, la narrativa pictórica del artista plasma obreros y campesinos rodeados de alegorías con atributos alusivos a las ciencias, con lo que logra una evocación de escenas religiosas en la pintura de otros tiempos, pero Diego las traslada a su itinerario de soluciones pictóricas sociales. Mientras en La creación del anfiteatro de la Preparatoria de San Ildefonso lo bizantino está presente con los elementos pitagóricos, en la Capilla de Chapingo el hermetismo se hace presente.

En 1925, Diego Rivera realiza los dibujos que ejecutó en la capilla de Chapingo. Para ese entonces ya contaba con la asistencia colaborativa de Ramón Alva Guadarrama, Pablo O’Higgins y Máximo Pacheco. Comenzó a pintar la bóveda, luego siguió con los muros del ábside. Terminó en 1926, dedicándose al año siguiente a pintar los tableros laterales; al ejecutar esta obra y en el conocimiento que sería un salón de actos, Rivera conceptualizó murales con una visión más analítica, una invitación a la evocación de ideas.

El tema es la tierra, que al cuidarla y administrarla de manera justa dará sus frutos, pero para eso se tiene que transitar por diversos estadios: la búsqueda del camino, la revelación del camino y la tierra generosa legítimamente poseída: hombres corpulentos resueltos en escorzos se enfrentan entre sí, dando como resultado la composición más compleja de todo el conjunto, por la representación de mensajes, alegorías y discurso.

Con la intervención de Rivera, la bóveda de cañón de la capilla de Chapingo adquiere un efecto visual de crucería que genera una altura doble, característica de la obra mural que se adapta al espacio que la arquitectura le otorga. Las alegorías representadas son inteligencias o saberes elementales, obreras de la naturaleza que dan equilibrio a lo existente y que al ser convocadas mantienen el orden del mundo.

En el ábside el tema es La tierra fecunda y el agua. El viento y el fuego la rodean, La familia (el conjunto nuclear de esa composición), La tierra virgen y La tierra encadenada. La virilidad del desnudo masculino es la fuerza en el trabajo de la tierra y para conocerla se requieren fuerzas subterráneas. En La tierra virgen todo el conjunto es una alegoría de un México de potencial latente, una patria que habría de despertar en las manos de quien de verdad la conoce: los campesinos.

Los modelos de La tierra dormida fueron María Concha Michel y el pintor Reyes en la figura masculina; la tercera, su esposa Guadalupe Marín, aludiendo a la tierra cautiva. Mientras ejecutaba esta sección de los murales, Diego Rivera cae de los andamios, accidente que lo postra en cama por razón de un mes y mientras sucedía su convalecencia fue invitado al congreso agrario que tuvo lugar en Ciudad Victoria, Tamaulipas. Ahí pudo escuchar de viva voz el manifiesto agrario o las necesidades imperiosas para esa justicia social en el sector rural, lo que llenó de entusiasmo al artista para regresar con nuevos bríos a Chapingo y remarcar los aspectos de la lucha que representaba el comunismo para los trabajadores del campo.

Antes de partir a la conmemoración de los diez años de la Revolución Bolchevique, Diego Rivera concluyó algunos paneles más de la capilla hoy llamada Riveriana, salón de actos de la Universidad de Chapingo. Años más tarde regresará para terminar con representaciones de aquellos que apostaron por su trabajo —que no dejará de ser controversial—; sin embargo, el camino iniciado en San Ildefonso y afianzado en la Secretaría de Educación Pública y la universidad agrícola de Chapingo, marcarían una brecha hacia nuevas rutas y experiencias, referentes ineludibles de la historia del arte mexicano del siglo XX. 

Obras realizadas por Diego Rivera. Universidad Autónoma Chapingo.

Bibliografía

  • Lozano, Luis- Martín y Juan Rafael Coronel Rivera. Diego Rivera. Obra mural completa. Colonia (Alemania), Taschen, 2010.
  • Matute, Álvaro. La revolución mexicana: actores, escenarios y acciones. Vida Cultural y política 1901-1929. México, Editorial Océano, 2002.
  • Pablo O’Higgins, voz de lucha y de arte. México, Antiguo Colegio de San Ildefonso, 2005.
  • Ramírez, Fausto. Modernización y modernismo en arte mexicano, México, UNAM, 2008.
  • Roura, Alma Lilia. Olor a tierra en los muros. México, Educal, 2010.
  • Souter, Gerry. Diego Rivera, Su arte y sus pasiones. Shenzhen, Numen, 2010.


Historiador y Coordinador de Voluntariado y Servicios al Público de Colegio de San Ildefonso. 

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