SAN ILDEFONSO EN EL TIEMPO

     El pensamiento intelectual jesuita y su contribución
a la identidad criolla novohispana


Jonatan Chávez*
 
Si la mar fuera de atole
y las olas de tortilla
 caminaran los criollitos
hasta el puerto de Sevilla
 
Refrán popular novohispano


Bautizo de lxtlilxóchitl por José Vivar y Valderrama, siglo XVIII. Museo Nacional de Historia.



Jorge Alberto Manrique se refiere al criollismo como un fenómeno cultural sucedido en la sociedad novohispana, resultado de una construcción que avalaba su sentido de apego a la tierra apoyado en dos tradiciones: la náhuatl, sustentada en el pasado glorioso de los emperadores indios y la grecolatina, heredera de grandeza de los césares y monarcas llegada de occidente. La tierra mexicana fue un espacio natural donde ambas tradiciones sentaron los pilares de una nueva sociedad digna de una monarquía indiana.

Con su arribo a territorio novohispano, los jesuitas —bajo la consigna de la evangelización y la educación— contribuyeron a fortalecer y empoderar una visión regional que a sí misma se veía portentosa, resultado de ese origen. Sin embargo, con la mirada y los apegos puestos en la metrópoli, fieles a una monarquía paternalista que siempre los mantuvo sometidos (como un padre a sus hijos), pero a su vez, con los pies firmes en las tierras americanas, la casta criolla, desde la hacienda, la ciudad, el convento o la misión, hacía gala de ser resguardataria y propagadora de la buena fe, aunque se les veía con un dejo de menosprecio y desdén por su estatus de criollos, y por ser americanos.

Rica es la producción cultural que la sociedad novohispana desarrolló, derivada de su propio constructo, es decir, una sociedad con alto grado de refinamiento y cánones de representación propios, siempre aferrada a la tierra: de ahí el refrán que era distintivo de la gente de aquella época y que rescata Luis González Obregón. Si se pudiese hablar de un sentido cosmopolita en aquella época, el cosmopolitismo novohispano no radicaba en el sentido del viajero o explorador de tierras ignotas, pues sus propios espacios naturales eran la tierra desconocida.

Las inmensidades geográficas asimiladas a la civilidad eran evidencia de un proceso complejo que se reforzaba a través de imágenes religiosas y peculiaridades regionales, con redes comunicacionales como el Camino Real de Tierra Adentro o la ruta del Galeón de Manila, que proveían todo lo que el mundo tenía: no había que salir a buscar, todo llegaba y pasaba por sus manos, afianzándose así su sentido de orgullo.

La combinación de la metodología educativa y la labor misionera, tuvo repercusiones en la mentalidad de los novohispanos, al estrechar los vínculos devocionales y afectivos con los formadores de cientos de generaciones de jesuitas que, ya fuera con la toma de los votos de la orden, o desde lo profano al mantener vínculos de convivencia social, lo que Gerard Décorme llama jesuitismo.

En ese proceso se creó una dirigencia social sustentada en los principios de la orden jesuita: ejemplar, devota y obediente de lo establecido, pero a la vez con una visión global, por su presencia en todo el orbe, con el dominio de la tradición clásica, la ciencia moderna y el conocimiento de estas tierras con su diversidad cultural. Con los padres lenguas, cuya habilidad y conocimiento de los idiomas que las comunidades hablaban les permitió educar y aprender del conocimiento de los pueblos indígenas, hubo una sinergia de saberes que quedaron plasmados en un sinnúmero de publicaciones, y que desarrollaron un profundo sentido de identidad; la educación jesuita contribuyó a establecer puentes entre las bases estructurales, sin contradecir la institucionalidad del momento en que se encontraba establecida en la religión y la monarquía. Ello no les impidió fortalecer los lazos entre la patria mexicana y el mundo.

El Colegio de San Ildefonso tuvo una imprenta que ayudó a la creación y divulgación de saberes. La lista de jesuitas que dedicaron su pluma al conocimiento y riqueza del territorio hoy llamado México —los expulsados—, fueron una generación destacada en todos sentidos, con logros científicos y literarios de personalidades como Francisco Javier Clavijero, Miguel Barco, Francisco Xavier Alegre y Diego José Abad —por mencionar solo algunos, y que serán objeto de futuras entregas— se creó el canon educativo que sería la simiente crítica y científica de la educación hasta el momento de la revolución de Independencia. El Colegio de San Nicolás, donde Miguel Hidalgo y Costilla se educó, es otro ejemplo.

Pensar que la historia es una mera sucesión de eventos relevantes o que tiene particiones irreconciliables entre un momento y otro, con una mera finalidad de anular a grupos o personas —como sucedió con la expulsión de los jesuitas por órdenes del monarca en 1767—, sería una forma simplista de entender el devenir de la humanidad que se ha desarrollado por milenios.

En más de una ocasión la historia ha demostrado que hacer eso trae más perjuicio que beneficio, como sucedió en el siglo XVIII; sin embargo, es parte de la condición humana la necesidad de buscar nuevos comienzos y trascender, pero del mismo modo siempre existe la posibilidad de releer el pasado desde el presente para reflexionar sobre los motivos que tuvieron los hombres de otros tiempos y las repercusiones que de sus actos nos refieren a nosotros.


Bibliografía 

  • Archivo Histórico de la Ciudad de México, expedientes 15, 17, 18, y 22, Historia ramo: Fundaciones, vol. 2262.
  • Bethell, Leslie (ed.). Historia de América Latina. Tomo II:América Latina colonial: Europa y América en los siglos XVI, XVII y XVIII”. Barcelona, Cambridge University Press-Crítica, 1998.
  • Lynch, John. La España del siglo XVIII. Barcelona, Crítica, 1999.
  • Decorme, Gérard. La obra de los jesuitas mexicanos durante la época colonial. 1572-1767. Tomo I: “Fundaciones”. México, Porrúa, 1941.
  • Historia general de México. México, Colmex (Centro de Estudios Históricos), 2000.
  • Gonzalvo Aizpuru, Pilar (coordinadora). Historia de la vida cotidiana en México. Tomo III: “El siglo XVIII, entre tradición y cambio”. México, El Colegio de México-Fondo de Cultura Económica, 2005.


Historiador y Coordinador de Voluntariado y Servicios al Público de Colegio de San Ildefonso. 


 
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