Maestros Muralistas | Diego Rivera y su incursión en Chapingo

Diego Rivera y su incursión en Chapingo

 

Extendió en la mesa del comedor una mesa muy grande, muchísimos dibujos suyos, apuntes de Italia, sus primeros bocetos para los murales de la Preparatoria, trabajos bizantinos, en fin, toda una pléyade de dibujos… Los dejó ahí extendidos y nos dijo: Aquí los dejo para que los examinen todos a su gusto y nos vemos en la Secretaría de Educación Pública mañana. Subiremos a los andamios y les enseñaré los murales ¡Hasta mañana!

Pablo O’Higgins


Obras realizadas por Diego Rivera. Universidad Autónoma Chapingo.


La alternancia entre los murales de la SEP y Chapingo fueron dos proyectos que dialogaban con las ideas políticas e icnográficas de Diego Rivera en aquellos años, pero, a la vez, son distintos entre sí.

La exhacienda de Chapingo tiene sus orígenes en el siglo XVII, cuando los llanos de Texcoco fueron adquiridos por compras y donaciones a la Compañía de Jesús y que, tras su expulsión en 1767, fueron adquiridas por distintos propietarios, incluido el expresidente Manuel González. Para 1904, era un latifundio de los muchos que existieron antes de estallar la revolución. 

Venustiano Carranza decidió incautar esta propiedad para convertirla en la Escuela de Agricultura, actividad que tuvo hasta 1924. En resumen, el pasado histórico de la hacienda representaba todo lo que el ideario político de revolución social de 1910 pretendía derrocar: 

Entre 1926 y 1927, Diego Rivera ejecutó en la excapilla de la Hacienda de Chapingo una serie de murales donde la tierra es en sí misma la protagonista, alegoría representada en la voluptuosidad del cuerpo femenino; la tierra como origen de la que emana todo: tradición, arraigo e identidad. 

Trazos contundentes y expresivos, llenos de sensualidad y erotismo, escenas intimistas donde la mujer es simiente, raíz, árbol frondoso, de frutos aromáticos, que de los elementos obtiene lo necesario para generar vida, con lo que se completa y repite el ciclo una y otra vez. Diego Rivera resuelve el espacio en una composición que evoca un templo a la fertilidad: la paleta cromática contribuye a generar un ambiente de sensaciones cálidas, como estar en el remanso del seno materno. Los gestos potentes y vigorosos de Guadalupe Marín contribuyen para acentuar las emociones que detonan las caderas, y las torsiones que el cuerpo femenino provoca.

El observador dedicado encontrará que los trazos de Rivera en la ex capilla de Chapingo son generosos, como si en su búsqueda el artista estuviese de vuelta en la tierra, en el origen donde todo comenzó. 


Jonatan Chávez

Historiador y Coordinador de Voluntariado y Servicios al Público del Colegio de San Ildefonso.

 

 

Bibliografía: 

  • Lozano, Luis Martín y Juan Rafael Coronel Rivera. Diego Rivera. Obra mural completa. Colonia (Alemania), Taschen, 2010.
  • Matute, Álvaro. La revolución mexicana: actores, escenarios y acciones. Vida Cultural y política 1901-1929. México, Editorial Océano, 2002.
  • Pablo O’Higgins, voz de lucha y de arte. México, Antiguo Colegio de San Ildefonso, 2005.
  • Ramírez, Fausto. Modernización y modernismo en arte mexicano, México, 
  • UNAM, 2008.
  • Roura, Alma Lilia. Olor a tierra en los muros. México, Educal, 2010.
  • Souter, Gerry. Diego Rivera, Su arte y sus pasiones. Shenzhen, Numen, 2010.

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