MAESTROS MURALISTAS

Diego Rivera y su obra mural en la Secretaría de Educación Pública y su incursión en Chapingo
Segunda parte

Jonatan Chávez* 
 

Extendió en la mesa del comedor una mesa muy grande, muchísimos dibujos suyos, apuntes de Italia, sus primeros bocetos para los murales de la Preparatoria, trabajos bizantinos, en fin, toda una pléyade de dibujos… Los dejó ahí extendidos y nos dijo: Aquí los dejo para que los examinen todos a su gusto y nos vemos en la Secretaría de Educación Pública mañana. Subiremos a los andamios y les enseñaré los murales ¡Hasta mañana!

Pablo O’Higgins


Obras realizadas por Diego Rivera. Universidad Autónoma Chapingo.


Hacia 1924, en los Estados Unidos se publicaban revistas de arte que daban a conocer el fenómeno plástico que sucedía en el vecino país del sur como Mexican Folkways y The Arts. En ésta última se hizo una reseña sobre el mural de La creación en la Escuela Nacional Preparatoria y la euforia que se vivía en las artes derivada de la revolución. Pablo O´Higgins se sintió entusiasmado, al grado de escribirle a Diego Rivera para felicitarlo, quien respondió a la misiva con una invitación para el artista originario de Salt Lake City, quien sin pensarlo decidió emprender el viaje a México.

O’Higgins recordaría años después aquel primer encuentro con el cual se estableció no solo una amistad, sino también un aprendizaje sobre el proceso compositivo de la obra mural de Diego Rivera, quien ya pintaba en la secretaría, proyecto al que se integró. Pablo O’Higgins se encargaba de moler los pigmentos que el artista de Guanajuato usaba y conforme aprendió el oficio, Rivera le permitió el fondeo de las figuras y más tarde la ejecución de las caligrafías del corrido zapatista. 

Por otra parte, en la Escuela Nacional de Agricultura en Chapingo (actual Universidad Autónoma de Chapingo), Rivera le confió las cartelas de nombres de quienes le habían secundado la ejecución de las obras. La alternancia entre los murales de la SEP y Chapingo, fueron dos proyectos que dialogaban con las ideas políticas e icnográficas de Diego Rivera en aquellos años, pero a la vez, son distintos entre sí.

La exhacienda de Chapingo tiene sus orígenes en el siglo XVII cuando los llanos de Texcoco fueron adquiridos por compras y donaciones a la Compañía de Jesús y que tras su expulsión de 1767 fueron adquiridas por distintos propietarios, incluido el expresidente Manuel González. Para 1904, era un latifundio de los muchos que existieron antes de estallar la revolución. 

Venustiano Carranza decidió incautar esta propiedad para convertirla en la Escuela de Agricultura, actividad que tendrá hasta 1924, con la intención de formar a las nuevas generaciones de ingenieros agrónomos. En resumen, el pasado histórico de la hacienda representaba todo lo que el ideario político de revolución social de 1910 pretendía derrocar: era la evidencia de cómo las tierras productivas del país estaban en manos de unos pocos, representaba un baluarte para el régimen obregonista donde era posible consolidar los postulados agrarios bajo la consigna de aquí se enseña a explotar la tierra no a los hombres.

En los patios del trabajo y de las fiestas de la Secretaría de Educación Pública, Diego Rivera conjugó indigenismo, filosofías milenarias y jornadas de actividades económicas que le arrancan a la tierra y la naturaleza sus beneficios a través del esfuerzo de campesinos y trabajadores. Lo mismo evoca al día de muertos y la quema de los Judas en semana santa, que señala a los enemigos de la lucha social.

Pero su narrativa pictórica en Chapingo transita entre la denuncia que daña esa comunión entre los que viven de su trabajo en la tierra y los que se benefician de manera ventajosa y abusiva, como intermediarios, caciques y acaparadores, quienes solo ven su ganancia particular, mal propio de la condición humana y que ninguna revolución social diluye del todo.

Entre 1926 y 1927, Diego Rivera ejecutó en la ex capilla de la Hacienda de Chapingo, usada para ese momento como salón de actos, una serie de murales donde la tierra es en sí misma la protagonista, alegoría representada en la voluptuosidad del cuerpo femenino, la tierra como origen de la que emana todo: tradición, arraigo e identidad. 

Trazos contundentes y expresivos, llenos de sensualidad y erotismo, escenas intimistas donde la mujer es simiente, raíz, árbol frondoso, de frutos aromáticos, que de los elementos obtiene lo necesario para generar vida, con lo que se completa y repite el ciclo una y otra vez. Diego Rivera resuelve el espacio en una composición que evoca un templo a la fertilidad: la paleta cromática contribuye a generar un ambiente de sensaciones cálidas, como estar en el remanso del seno materno. Los gestos potentes y vigorosos de Guadalupe Marín contribuyen para acentuar las emociones que detonan las caderas, y las torsiones que el cuerpo femenino provoca.

El observador dedicado encontrará que los trazos ejecutados por Rivera en la ex capilla de Chapingo son generosos: reflejan la fascinación del artista por la mujer, congruencia por lo narrado por Pablo O Higgins, y la vez encuentran su origen en el eco de La creación de la preparatoria de San Ildefonso, como si en esa búsqueda el artista estuviese de vuelta a la tierra, al origen donde todo comenzó. 

 

 

Bibliografía 

  • Lozano, Luis Martín y Juan Rafael Coronel Rivera. Diego Rivera. Obra mural completa. Colonia (Alemania), Taschen, 2010.
  • Matute, Álvaro. La revolución mexicana: actores, escenarios y acciones. Vida Cultural y política 1901-1929. México, Editorial Océano, 2002.
  • Pablo O’Higgins, voz de lucha y de arte. México, Antiguo Colegio de San Ildefonso, 2005.
  • Ramírez, Fausto. Modernización y modernismo en arte mexicano, México, 
  • UNAM, 2008.
  • Roura, Alma Lilia. Olor a tierra en los muros. México, Educal, 2010.
  • Souter, Gerry. Diego Rivera, Su arte y sus pasiones. Shenzhen, Numen, 2010.

Historiador y Coordinador de Voluntariado y Servicios al Público de Colegio de San Ildefonso. 

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