Memoria Compartida | Amado Nervo

Amado Nervo
Poeta modernista y profesor preparatoriano

 En el marco del natalicio del poeta (1870-1919)

Jonatan Chávez*

 

Sí tú me dices: ¡ven!, lo dejo todo…
no volveré siquiera la mirada
para mirar a la mujer amada…
pero dímelo fuerte, de tal modo
que tu voz, como toque de llamada
vibre hasta el más íntimo recodo
del ser, levante el alma de su lodo
y hiera el corazón como una espada.
Sí tú me dices: ¡ven! todo lo dejo.
Llegaré a tu santuario casi viejo.
Y al fulgor de la luz crepuscular;
más he de compensarte mi retardo,
difundiéndome. ¡oh, Cristo!, como un nardo
de perfume sutil ante tu altar.
Amado Nervo

La continuidad educativa en el Colegio de San Ildefonso, desde su fundación como colegio jesuita y más tarde sede de la Escuela Nacional Preparatoria, fue determinante para conocer las manifestaciones literarias que han tenido lugar a través del tiempo en México.

Amado Nervo, retrato. 1918 © Mediateca INAH

Fuese como alumnos o profesores y de manera directa o indirecta, las plumas más destacadas de la literatura mexicana pasaron por las aulas del Colegio de San Ildefonso, como fue el caso José Amado Ruiz de Nervo, nombre completo del escritor originario del estado Nayarit, nacido en Tepic el 27 de agosto de 1870.

Los primeros años de su infancia y formación transitaron en Michoacán, en donde realizó estudios en el seminario de Zamora, mismos que serán interrumpidos debido al fallecimiento de su padre, por lo que la situación económica lo lleva a abandonarlos; sin embargo, este traumático hecho fue un factor importante para que el escritor reflexionara sobre la muerte, tema recurrente en sus primeras producciones literarias.

Para ganarse la vida, Amado Nervo se dedicó al periodismo en Mazatlán Sinaloa, oficio que en 1894 lo llevó a la Ciudad de México para comenzar a colaborar en la revista Azul; más tarde, fundaría la revista Moderna al lado de José E. Valenzuela. Las revistas literarias de finales del siglo XIX proliferaron como resultado de la abundante producción de escritores que mantenían comunicación a través de carteos en las que discutían en torno a temas como la identidad, la cultura y sobre todo la búsqueda de un lenguaje propio que diera paso al desarrollo de una identidad cultural latinoamericana propia, que aún estaba en ciernes.

En el umbral del nuevo siglo, inmerso en la atmósfera de la Belle époque, el París de 1900 celebró el progreso y encumbramiento de occidente con la Exhibición Universal que tuvo lugar en la capital francesa; Amado Nervo se dirigiría al viejo continente para cubrir el evento por parte del diario El Imparcial y allí conocería a Rubén Darío —personaje con quien entabló amistad—, amén de lo más granado de escritores parisinos y extranjeros ahí reunidos, de los que abrevará influencias y presencias que le serían de fortalecimiento a su pluma.

Amado Nervo durante una ceremonia escolar
en un jardín, 1915. © Mediateca INAH

La obra de Amado Nervo se vio influenciada por aquel contacto con los grupos de escritores denominados de El Parnaso, considerados reaccionarios a las reminiscencias románticas que aún prevalecían en los círculos intelectuales europeos, pues veían en ello una mera construcción de poemas que cumplían con la exaltación declamatoria llena de expresiones exageradas. Es bien sabido que las generaciones jóvenes que suceden a las anteriores rechazan lo establecido como viejo y anacrónico; en ese sentido, los escritores modernos que tuvieron un gran auge en el último tercio del siglo XIX, fueron quieres dieron la bienvenida al siglo XX, y que después serían vistos como obsoletos terminada la Revolución de 1910.

La misma ciudad luz sería el lugar donde Amado Nervo conoció a Ana Cecilia Luisa Daillez, con quien sostuvo una relación hasta la muerte de ella. Por más de una década, Ana Luisa fue su razón de vida y la inspiración del nayarita para escribir, después de su precipitada partida, Amada inmóvil de 1912, que sería publicada de manera póstuma hasta 1920.

A su regreso a México, incursionó como profesor de literatura en la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso, lugar que mantuvo ocupado al escritor hasta su ingreso en 1906 al servicio diplomático, en donde tuvo presencia en Argentina, Uruguay y más tarde —como secretario segundo— en la Legación de México en España, mientras trascurría el conflicto armado de la Revolución de 1910.

En 1918, fue nombrado ministro plenipotenciario en Argentina y Uruguay, cargo que desempeñó por un año pues muere en Montevideo el 24 de mayo de 1919. En su estancia sudamericana trabó amistad con Juan Zorrilla de San Martín, distinguido orador y escritor de los círculos intelectuales uruguayos, cuya influencia en la vida de Amado Nervo se ve reflejada en su postura con la iglesia católica.

La pluma de Amado Nervo es sin duda de las más sobresalientes de fines del siglo XIX y principios del XX en México. Su presencia es una inserción de modernidad que dejó impresa la atmósfera literaria con la que se aspiraba a dar el salto a esa anhelada evolución que en el contexto del régimen porfirista posicionaría a la nación.

Su obra enlaza diálogos con Rubén Darío, la literatura francesa y por supuesto con la construcción de identidad cultural para su país. En 1898 publicó Perlas negras y Mística; su poética de 1901 en La hermana agua fue antesala para El éxodo y las flores del camino de 1902, así como Lira heroica de 1904.

Amado Nervo otorgó a su obra un sentido de refinamiento profundo y estilizado. En 1909 publicó En Voz baja, alusión clara al dolor producido por la muerte de su amada; sin embargo, siguió inquieto y exploró diversos géneros sin dejar de hacer poesía y prosa. Al escritor nayarita se le debe uno de los primeros estudios sobre “la décima musa”, que fue publicado en 1910 como Juana de Asbaje.

Entre 1920 y 1928, Alfonso Reyes publicó en España una compilación de toda su obra en una edición de veintinueve volúmenes. Una década más tarde, en 1938, Alfonso Méndez Plancarte publicó una edición que incluía todos sus trabajos inéditos. La obra de Amado Nervo quedó reunida y presente como una de las más complejas y diversas de la literatura mexicana de entre siglos que, a ciento cincuenta y un años de su natalicio, es referente ineludible de las aportaciones de los escritores mexicanos a la cultura latinoamericana del siglo XX.

Bibliografía

  • Garzón Lozano, Luis Eduardo. La historia y la piedra. El Antiguo Colegio de San Ildefonso. México, Porrúa, 2000.  
  • Howland Bustamante, Sergio. Antología literaria de autores mexicanos. México, Trillas, 1996.   
  • Los 100 años de la UNAM. México, La Jornada, 2010.
  • Monsiváis, Carlos. La cultura mexicana en el siglo XX. México, El Colegio de México, 2010.

*Historiador, Coordinador de Voluntariado y Servicios al Público del Colegio de San Ildefonso.

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