San Ildefonso en el Tiempo | Los pasajes de la Sillería

Utopía para el nuevo mundo
Los pasajes de la sillería del Convento de San Agustín

Jonatan Chávez*

 

Y la casa estaba cubierta de cedro por
 dentro, y tenía entalladuras de calabazas
 silvestres y de botones de flores.
Todo era cedro; ninguna piedra se veía.
1 de Reyes: 6 - 18

 

Con el surgimiento de la reforma protestante en el siglo XVI, la iglesia Católica, resguardataria del dogma y saber de occidente, se vio confrontada con la propia realidad de un mundo que se abría a confines insospechados y a tierras que ponían en duda lo sabido hasta ese momento, los siglos por venir habrían de asimilar y justificar su dominio sobre América en nombre de lo que fuese necesario, la condición humana —al final la misma ayer y hoy—, en su afán de controlar y poseer se ha valido de todo tipo de estrategias.

Sin embargo, lo que había comenzado como un mero cuestionamiento al que la iglesia le dio la espalda —más le habría valido responderle a Lutero, pues un principio básico de la escolástica cristiana es no dejar lugar a dudas—, dio como resultado un continente confrontado en las guerras de religión que sumieron a los reinos europeos en la destrucción y la muerte.

La reforma protestante amenazaba a la institución más antigua del mundo occidental, la cual se dio a la tarea de convocar a toda la ecúmene en la ciudad de Trento para darse a la tarea de ordenarlo todo y replantear estrategias para contrarrestar el daño y evitar la expansión de aquel caos hacia el nuevo mundo.

Aliadas de esta aventura serán Castilla y Portugal, que gracias al otorgamiento del Patronato Regio se posicionaron como dueñas absolutas del control de sus imperios de ultramar. En aras de proteger y propagar la fe cristiana, justificaron su razón de controlar el territorio y fueron muy observantes en evitar que llegase cualquier ventisca protestante a sus dominios. En este paso, las órdenes religiosas jugaron un papel fundamental no solo en el proceso evangelizador, sino también en la práctica del dogma que ante la latente presencia de la idolatría del mundo precolombino prevaleció en las poblaciones indígenas.

El arte estuvo al servicio del proceso evangelizador para llevar a cabo la puntual labor difusora de la cristiandad. De los talleres españoles, flamencos e italianos llegaron a América estampas, grabados y publicaciones por millares que fueron referentes para los maestros imagineros de distintas disciplinas talleres y evitando cualquier distorsión en la representación de lo sagrado que pudiese ser objeto de idolatría o mala instrucción;  de ahí surgió la idea de que el arte virreinal buscó la emulación y sometimiento de la metrópoli, sin embargo, hoy es sabido gracias a los investigadores que el tema es tan complejo como el arte novohispano.

Salón El Generalito en San Ildefonso, interior ©️ Mediateca INAH

La sillería del convento de San Agustín está conformada por paneles altos, sillares, que suman un total de 157 piezas, de las cuales 140 se encuentran en el Salón El Generalito y las restantes se encuentran registradas en las colecciones del Museo Nacional de Historia y del Museo Franz Mayer.

Las referencias de los especialistas Rafel García Granados y Carlos Martínez Assad destacan que los relieves que revisten el mobiliario están basados en los grabados de una biblia francesa del siglo XVII, plasmados y narrados en el Pentateuco, los libros De los Jueces y De los Reyes, así como del Apocalipsis.

Se desconoce cómo se encontraba la disposición de la sillería en el convento; sin embargo, si tomamos como referencia el espacio ortogonal de El Generalito, se puede concluir que el espacio religioso y el mobiliario eran correspondientes a su dispersión y acomodo; en ello estaba presente el lenguaje y los dogmas de la iglesia. La sillería fue colocada con la intención de darle sentido, por ejemplo: los pasajes del Antiguo Testamento están posicionados en la parte oriental del Salón mientras que los pasajes inspirados en Libro de las revelaciones se encuentran ubicados en la dirección poniente; esta relación es una alusión a que cuando el reino de dios se acerque, levantará de entre los muertos a todos sus creyentes y mirarán hacia donde se pone el Sol para irse con él.

Si bien el salón El Generalito tuvo una función educativa, el espacio del colegio jesuita está posicionado convenientemente de oriente a poniente, de acuerdo con la traza urbanística del terreno y la disposición de las cuadras. Señalar estos detalles es importante, ya que develan la importancia que tuvo América para las órdenes religiosas, espacio geográfico que fue visto con posibilidad para la utopía; el espíritu del Renacimiento se veía reflejado en la idea de crear sociedades que emularan una Jerusalén ideal, que bajo el dogma de la cristiandad fueran ejemplares.

Aunque la sillería es una pieza de principios del siglo XVIII, no significa que las biblias y libros sagrados de un siglo atrás no hubiesen permanecido también. Las biblias ilustradas fueron maravillas resguardadas en las bibliotecas de conventos; sus contenidos, después de las resultas del Concilio de Trento, debieron ser cuidadosamente revisados para evitar cualquier distorsión.

Todo era corresposivo al lenguaje de lo sagrado: templos, iglesias, basílicas y catedrales sustentan su estructura en la narrativa que emula la arquitectura del templo de Jerusalén y cobra coherencia cuando en una construcción arquitectónica encontramos referencias que son posibles de rastrear en la literatura y que vuelve a ser inspiración para el resto de las artes:

Así pues, Salomón labró la casa y la terminó. Y cubrió las paredes de la casa con tablas de cedro, revistiéndola de madera por dentro, desde el suelo de la casa hasta las vigas de la techumbre; cubrió también el pavimento con madera de ciprés.

1 de Reyes: 6-15

La sociedad novohispana, devota practicante de su sentido de predestinación divina, pretendía ser ejemplar al momento de expresar su fe cristiana. El constructo social sustentado en la idea de una sociedad ejemplar sirvió para replicar en estas tierras los conceptos y preceptos afirmados por el Concilio de Trento.

Las sagradas escrituras estaban restringidas para el pueblo. Aquí cabe preguntar cómo fue que Tomás Xuárez y Salvador de Ocampo accedieron a las imágenes de una biblia con tales características; es probable que hubiesen contado con la asesoría permanente de frailes agustinos, quienes los ponían al tanto. Cada pasaje adoctrinaba y educaba a la población, por ello debían contar entonces con una narrativa puntual y cuidadosa respecto a los temas, formas y elementos, pues cada lienzo, escultura y mobiliario que revestía el espacio sagrado tenía que ser identificable para todos y no debía despertar ninguna duda o cuestionamiento respecto a su representación.

En la siguiente entrega observaremos cómo la elección de los pasajes y temas nos remiten a un proceso devocional estrechamente ligado a la labor misionera de los agustinos y sus repercusiones en la construcción del lenguaje sagrado que contribuyó a la compleja identidad cultural de la sociedad novohispana.

Bibliografía

  • García Granados, Rafael. Sillería del coro de la antigua Iglesia de San Agustín. México, Imprenta universitaria, 1941.
  • Maquívar, Ma. Del Consuelo. “La sillería de El Generalito” en Antiguo Colegio de San Ildefonso. México, Nafin, 1997.
  • Martínez Assad, Carlos. Legado mesiánico. La sillería del coro de San Agustín. México, UNAM, 2015.
  • Moreno Villa, José. La escultura colonial mexicana. México, FCE, 2004.
Weckmann, Luis. La Herencia Medieval de México. México, FCE, 1983

*Historiador, Coordinador de Voluntariado y Servicios al Público del Colegio de San Ildefonso.

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