San Ildefonso en el Tiempo | La sillería del Convento de San Agustín

 La sillería del Convento de San Agustín
en el Colegio de San Ildefonso como patrimonio trashumante

Jonatan Chavez*

La más famosa, que puede considerarse
una de las obras escultóricas más notables
que existen en México.
Manuel Toussaint

En la revisión constante de la historia, los seres humanos reflexionamos sobre lo que fueron otros tiempos. Sus reminiscencias son la materia con la que se alcanzan nuevos significados y se da paso a la reapropiación; de esta forma, la historia se mantiene viva y el patrimonio lo hace posible, por lo que es fundamental evitar los expolios, las asepsias o negaciones que bajo pretensiones aleatorias solo sesgan o hacen revisionismo del pasado.

El Colegio de San Ildefonso es una evidencia contundente de este proceso. Por un lado, fue un inmueble concebido y consagrado a la educación, sus artífices —los jesuitas— le dieron origen e indígenas y mestizos se dieron a la tarea de erigirlo, habitarlo y apropiarse de él, otorgándole así significación en su contexto hasta su expulsión en 1767; es decir, no proyectaron sus acciones con base en lo sucedido. En la mirada de sus hacedores, el levantamiento del inmueble fue entendido para ser siempre un colegio jesuita, nunca pensaron en un extrañamiento y mucho menos en el abandono del lugar; sin embargo, la historia transitó en otras circunstancias y bajo estas, el colegio adquirió nuevas funciones y significaciones que en el tiempo se reafirmaron.

Así como sucedió con el colegio jesuita, sucedió con múltiples recintos del periodo virreinal de la Nueva España: unos sucumbieron a las decisiones y factores humanos; otros a los factores físicos; otros tantos llegaron a tiempos actuales con un devenir a cuestas de múltiples significados y en la contemporaneidad son considerados patrimonio cultural, en donde se devela el pasado de la construcción cultural denominada México.

En ese transitar de tiempos, los patrimonios afianzan su valor más allá de su temporalidad; en ellos se destaca la maestría compleja en su artificio, y por tanto de su estética. En el tiempo actual, son una ventana al pasado para comprender las complejidades de las sociedades que les dieron origen, los lenguajes y relaciones establecidas entre ellos y la importancia de elementos que quizás ya no son de uso común en el presente. Son los patrimonios llaves de acceso para entenderlos y conocer la importancia para las comunidades actuales de preservarlos, revisarlos y transmitir su legado.

Salón Generalito © Fotografía Víctor de Reza

La sillería del Convento de San Agustín es un mobiliario que sorprende, pues casi se mantiene íntegra: resistió el tiempo y la condición humana. En anteriores entregas se pudo hacer una revisión que amerita ser ampliada y así otorgar mayores recursos para su conocimiento como parte del patrimonio que resguarda el Colegio de San Ildefonso.

Desde finales del siglo XIX, la sillería del Convento de San Agustín fue instalada en salón El Generalito del Colegio de San Ildefonso junto a los veinte lienzos y la cátedra; son acervos que han establecido una historia compartida desde la visión del patrimonio cultural, y que nos facilita comprender las complejidades de su devenir. Merece la pena tratar entender el proceso que, del pasado al presente, otorga todo este patrimonio.

Estos acervos reunidos representan una posibilidad para revisar la narrativa de los discursos de las órdenes mendicantes que arribaron a la Nueva España en las primeras décadas del siglo XVI y que fueron una base importante para los recién llegados a finales del mismo siglo. La factura de la sillería, revestida con pasajes bíblicos, avala el sentido misionero de los agustinos, que a su vez se comunicaban con sus correligionarios en un tiempo de utopía, caos, predestinación divina y visiones apocalípticas de una sociedad aspiracional y estamental como era la novohispana.

La sillería fue removida de su lugar original debido a que el Colegio de San Ildefonso fue destinado para albergar a la primera institución laica del México Independiente;  mientras San Ildefonso terminaba con su misión educativa religiosa, la Iglesia del convento agustino se asignó a su vez una labor educativa al convertirse en biblioteca, para dar paso a una educación moderna y revitalizante de una sociedad que veía necesario dejar a un lado su pasado, apostando por un futuro libre de intervenciones y en búsqueda de su propia identidad.

Después de su desmantelamiento en la década de 1860, en San Agustín habría de instalarse la Biblioteca Nacional; sin embargo, sería hasta la década de 1890 en la que se rescata de la noche de la historia la riqueza de la silería y se toman las decisiones que llevaron a su instalación en el recinto de la entonces Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso, dichas improntas sirvieron para ilustrar las crónicas de diarios que registraron la sillería en El Generalito desde 1895, como las imágenes del fotógrafo norteamericano Henry Greenwood Peabody, fechadas en 1898.

Salón Generalito © Fotografía Víctor de Reza

En la década de los treinta del siglo XX, la acuciosa pesquisa de Rafael García Granados —reunida en su estudio Sillería del coro del Convento de San Agustín, publicado en 1941— puso de relieve el interés de personajes como el maestro Manuel Toussaint por dirigir sus esfuerzos al rescate, estudio y análisis desde una óptica propia del arte novohispano. En todas las disciplinas y reminiscencias prevalecientes fueron incluso parte aguas en su contexto para la generación de un laboratorio revisionista del pasado estético novohispano, que más tarde dio origen al Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México en 1936, cuyos precursores fueron Federico Gómez Orozco, el mismo Rafael García Granados, Luis Mac Gregor, Justino Fernández y el maestro Manuel Toussaint.

La investigación realizada por Rafael García Granados implicó un trabajo multidisciplinario en colaboración del arquitecto Mac Gregor y Justino Fernández; el levantamiento de planos, realización de gráficos, estudios históricos y crítica de arte generó un texto referente para conocer el origen, composición y características estéticas de la sillería. Su disposición dentro de El Generalito, el rastreo de los pasajes bíblicos, el conteo total de los tableros —tema que se abordará las siguientes entregas—, y la lectura de toda la obra, permite dialogar con el único mobiliario jesuita que aún permanece dentro del recinto: la catedral del Colegio de San Ildefonso.

Salón Generalito © Fotografía Víctor de Reza

En 2015, el doctor Carlos Martínez Assad (investigador emérito del Instituto de Investigaciones Sociales de nuestra máxima casa de estudios), reunió en su Legado mesiánico. La sillería del Coro del San Agustín el devenir del mobiliario, su huella a través del tiempo y la precisión de los pasajes; desde las investigaciones anteriores se refieren 254 pasajes hasta lo revisado y precisado por el doctor Assad, incluidos los 17 localizados —que en realidad daban la suma de 159.

La sillería del convento de San Agustín en el Salón Generalito del Colegio de San Ildefonso es un patrimonio que reúne tiempos y procesos creativos de comunidades que en su lenguaje tuvieron presente el sentido religioso reflejado en su cotidianidad. De sus creaciones hicieron canales de expresión que siempre tuvieron presentes la suntuosidad, belleza y estilo, preceptos vigentes en el presente, esenciales para entablar diálogos y reconocer la riqueza resguardada con la que es posible entender la complejidad de los significados y símbolos del patrimonio cultural de México a través del tiempo.

Bibliografía

  • García Granados, Rafael. Sillería del coro de la antigua Iglesia de San Agustín. México, Imprenta Universitaria, 1941.
  • Martínez Assad, Carlos. Legado mesiánico. La Sillería del coro de San Agustín. México, UNAM, 2015.
  • Maquívar, Ma. Del Consuelo. “La sillería de El Generalito” en Antiguo Colegio de San Ildefonso. México, Nafin, 1997.
  • Villa, José Moreno. La escultura colonial mexicana. México, FCE, 2004.
  • Weckmann, Luis. La herencia medieval de México. México, FCE, 1983.

*Historiador, Coordinador de Voluntariado y Servicios al Público del Colegio de San Ildefonso.

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