MEMORIA COMPARTIDA

 

Alfonso Caso
Descubridor del pasado, constructor del presente
En el marco de su aniversario luctuoso


Jonatan Chávez


En ese mismo umbral levanté lo que a mi parecer era

una vasija de oro macizo, decorada con la figura de una araña… 

Alfonso Caso


Alfonso Caso 
    ©Instituto Nacional de Antropología e Historia.
 

Abogado, filósofo y arqueólogo, Alfonso Caso Andrade nació el primero de febrero de 1896 en el seno de una familia de tradición científica. Integrante de los llamados Siete sabios mexicanos, estudió en la Escuela Nacional de Jurisprudencia (hoy Facultad de Derecho) y arqueología en la Escuela Nacional de Altos Estudios (actualmente Facultad de Filosofía y Letras), ocupando diversos cargos de gobierno a lo largo de su carrera profesional. Fue miembro fundador de El Colegio Nacional.

Como universitario, dirigió la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso de 1928 a 1930 y ocupó la rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México durante un breve periodo (nombrado por la junta de exrectores), del 15 de agosto de 1944 al 24 de marzo de 1945. Además, fue cofundador y director del Instituto Nacional de Antropología e Historia y del Instituto Nacional Indigenista.

Durante su rectorado, instaló el Consejo Constituyente Universitario, que aprobó la Ley orgánica que rige hasta hoy, y a partir de la cual se discutió y aprobó el Estatuto General de la Universidad, con cuyo anuncio, Caso presentó su renuncia a la rectoría en marzo de 1945.

Tras haberse graduado como abogado y filósofo en la Universidad Nacional de México, Alfonso Caso decidió incursionar en campo de la arqueología motivado especialmente por el estudio de los jeroglíficos y las urnas, que eran su pasión. Este gusto le vino como parte de los cursos que recibió en el antiguo edificio del Museo de Arqueología, Historia y Etnografía —antecedente del actual Museo Nacional de Antropología—, albergado en la Casa de Moneda, a un costado del Palacio Nacional.

Cuando se creó la Dirección de Arqueología de la Secretaría de Educación Pública se consolidó una institución que se diera a la tarea de investigar el pasado arqueológico de México. Pero sería en 1928 cuando Alfonso Caso se da a la tarea de sacar a la luz la grandeza de las civilizaciones que alguna vez habitaron la región de los valles centrales del estado de Oaxaca. 

Alumno de Franz Boas, Manuel Gamio y Herman Beyer, Alfonso Caso planteó su trabajo en Monte Albán, cuyo estudio se basó principalmente en la estratigrafía para fechar cerámica, desenterrarla y encontrar las relaciones que pudiese tener con la arquitectura del sitio arqueológico.

En 1931, comenzó los trabajos de excavación en la plaza principal de la ciudad prehispánica, en la que se conformó un equipo multidisciplinar con Daniel Rubín de la Borbolla, Jorge Acosta, Ignacio Bernal, Hugo Moedano, Ponciano Salazar, Juan Valenzuela, Carlos Margain, Eulalia Guzmán, y artistas como Armando Nicolau y Martín Bazán, además de antropólogos como Javier Romero, y un amplio grupo de fotógrafos, topógrafos e ingenieros.

El planteamiento científico del acercamiento a Monte Albán, sin duda, no estuvo desligado de la tendencia nacionalista del uso de los monumentos arqueológicos en beneficio de la política del estado: su proyecto consistía en la restauración total de los monumentos —en aquella época estaba de moda reconstruir para así hacerlo también con el pasado arquitectónico mesoamericano—, con lo que Alfonso Caso se dio a la tarea de alternar una modalidad de investigación y paralelamente reconstrucción monumental. A esta etapa se le conoce como la época dorada de la arqueología mexicana.

La ejecución del proyecto del maestro Caso, si bien estaba sustentado en una base académica, no contaba con una estructura lo suficientemente fortalecida; sin embargo, al accionarlo coincidió muy oportunamente con lo que en ese momento fue el descubrimiento arqueológico más importante en Mesoamérica: el hallazgo de la tumba 7 de Monte Albán.

El nueve de enero de 1931, a las cuatro de la tarde, el equipo del maestro Caso removió una de las piedras, que dieron acceso al techo de la tumba. El maestro narraba cómo era que la luz de su lámpara encontró el cráneo y a los lados dos vasos que parecían ser de barro negro y, detrás de ellos, una cantidad de más de doscientos objetos que conformaban la ofrenda en la tumba.

Orejeras, broches, pectorales, brazaletes elaborados con obsidiana, jade, turquesa, concha, oro y plata, piedras preciosas y materiales que en la cosmovisión precolombina eran considerados sagrados, se encontraron engarzados y trabajados en las técnicas de filigrana, repujado, martillado y perforaciones con buril, todas ejecutadas con esa habilidad y destreza con que los artífices de la región de Oaxaca continúan realizando su trabajo hasta nuestros días.

En este hallazgo, la señora María Lombardo, esposa de Alfonso Caso, participó del proceso: su labor consistió en recabar los delicados materiales que más tarde recobraron secuencia al momento de ensamblarse la joyería de estas ofrendas: estaban ante un entierro mixteco con toda la suntuosidad dentro del sitio zapoteco de Monte Albán.

Por el notable descubrimiento, el trabajo del maestro Alfonso Caso obtuvo el apoyo total del gobierno mexicano y, en consecuencia, los trabajos se prologaron durante 18 temporadas de excavación, que sirvieron para explorar y consolidar los edificios de la plaza principal. Gracias al arqueólogo, que dedicó parte de su vida a la catalogación, ordenación y estudio profundo que culminó con prolíficas obras impresas, podemos apreciar la importancia de su producción en ese campo.

Con el tiempo, su pasión no solo lo llevó a explorar el mundo precolombino: el entusiasmo por los hallazgos le llevó a establecer relaciones entre pasado y presente, con lo que reflexionó en algo que resultó fundamental: revisar la actualidad de los pueblos indígenas. Con el mismo espíritu que alguna vez tuviese Manuel Gamio, Alfonso Caso fundó el instituto Nacional Indigenista, labor a la que se habría de entregar de manera total, hasta su muerte, ocurrida el 30 de noviembre de 1970.

A cincuenta años de su fallecimiento, el maestro Alfonso Caso es recordado por la comunidad universitaria, por haber sentado las bases para el estudio formal de la arqueología en México y más concretamente, por el diseño de planos. Además, por el tratamiento y clasificación que se le daba a lo encontrado, sus estudios son referentes para entender disciplinas como la arqueología, la historia y la cultura. Sin duda, sus aportaciones seguirán siendo puente de diálogo entre el pasado y presente de México.


Bibliografía


Descubridores del pasado en Mesoamérica. México, Antiguo Colegio de San Ildefonso, 2001.

Escuela Nacional Preparatoria. Imágenes y pinceladas de sus protagonistas. México, UNAM-ENP, 2014.

Matute, Álvaro. La revolución mexicana: actores, escenarios y acciones. Vida cultural y política 1901-1929. México, Editorial Océano, 2002.


Seis ciudades de Mesoamérica: Sociedad y medio ambiente. México, INAH, 2011.

Tiempo Universitario, los 100 años de la UNAM. México, UNAM, 2010.


Historiador y Coordinador de Voluntariado y Servicios al Público de Colegio de San Ildefonso. 



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