MAESTROS MURALISTAS

 

David Alfaro Siqueiros
 Entre la rebelión y el exilio 

 


Jonatan Chávez*

 

…está únicamente en la revolución social que derrumbará

el orden burgués reinante, el mercantilismo que todo lo corrompe

y que ha hecho de la arquitectura el medio más innoble de la

explotación… y de la pintura la alcahueta del mercantilismo…

David Alfaro Siqueiros


David Alfaro Siqueiros en prisión.
© INAH. 

Con el ascenso al poder de Plutarco Elías Calles (1924-1928), México se volcó sobre una política social que dejaba sin apoyo a los pintores que con gran entusiasmo se habían sumado al proyecto de construir la identidad nacional en los muros de los edificios públicos. La diáspora de los artistas haría pensar que el fenómeno pictórico había sido un aspaviento que se diluiría con el pasar del tiempo.

En 1926, José Clemente Orozco regresó a San Ildefonso para corregir su obra y plasmar su trabajo más emblemático en el muralismo, mientras que Diego Rivera se dio a la tarea de revestir el edifico de la Secretaría de Educación Pública, Chapingo y más tarde, Palacio Nacional.

Por su lado, David Alfaro Siqueiros, Roberto Reyes y Amado de la Cueva deciden irse a Jalisco no sin antes hacer patente una declaración: que si un pintor no podía vivir de su obra como pintor público y social, del mismo modo que lo hace un plomero que vive de su esfuerzo cotidiano, entonces no encontraba sentido a pintar para convertirse en un payaso de salón.

En Guadalajara, Siqueiros recibió el apoyo del gobernador del estado Guadalupe Zuno, quien tuvo a bien ofrecerle muros de la universidad local e incluso de su propia casa, a lo cual David Alfaro accedió, manteniéndose en activo por algún tiempo, hasta aquel fatídico accidente de motocicleta en el que su amigo Amado de la Cueva perdió la vida; este hecho hizo que el ánimo creativo de Pepe (como le conocían, de cariño), se diluyera, al grado de echar todo por la borda y dedicarse a organizar a mineros y campesinos en sindicatos, actividad que ya había puesto en práctica en sus tiempos de la Preparatoria.

Como una evocación de los tiempos en que participó en la Revolución, ahora las sierras del país se convertían en el terreno propicio para agrupar a los mineros con los que constituyó la Federación Minera de Jalisco.

En 1929, el Partido Comunista Mexicano (PCM) convocó a su Congreso Nacional Campesino, al que asistió Siqueiros como representante; sin embargo, las actividades de estas agrupaciones habían sido vistas como clandestinas por el régimen callista y durante el Maximato.

De 1927 a 1929, David Alfaro Siqueiros se dedicó a las actividades sindicalistas, como gran activista en el ámbito nacional y latinoamericano. Su labor como organizador lo llevó a la ciudad de Montevideo, en Uruguay, para más tarde trasladarse a Buenos Aires, donde se llevaba a cabo la Conferencia Comunista Latinoamericana, donde fue representante destacado, ya que por las persecuciones del gobierno mexicano en contra del PCM, varios líderes no pudieron salir del país.

En su travesía por Sudamérica, David Alfaro Siqueiros conoció a Luz Brum, mujer proactiva, escritora de filiación comunista, cuya belleza cautivó al artista. Para 1930, Siqueiros regresó a México enamorado, acompañado de Luz y su hijo Eduardo Parra y sin importarle estar casado con Gachita, quien no reparó en armar un escándalo al enterarse del atrevimiento del artista, situación que le valió la expulsión del Partido Comunista bajo el argumento de llevar una vida amorosa censurable, en realidad un pretexto para mantenerlo alejado de la actividad sindical y política.

La realidad es que el gobierno del Maximato ya tenía tiempo detrás del artista: 1930 fue para él un año complicado, ya que después de su expulsión del PCM, en abril, fue apresado por la policía y acusado de sedición y de atentar en contra del presidente de la república, Pascual Ortiz Rubio.

La aprehensión de David Alfaro Siqueiros era parte de una clara persecución en contra de los comunistas, que no eran vistos con buenos ojos por el gobierno:  personajes incómodos como la fotógrafa de origen italiano Tina Modotti, también sufrieron las correrías del poder detrás del trono. Sólo era cuestión de tiempo para que avanzaran sobre la persona de Siqueiros, quien pudo escapar a este primer embate, aunque capturado en camino a casa de Ángel Falcó —cónsul de Uruguay en México—, a visitar a Blanca Luz, quien poco tenía de haber sido excarcelada.

Capturado al fin, David Alfaro Siqueiros fue condenado a siete meses de prisión en la cárcel de Lecumberri. Pasado ese tiempo, a Siqueiros, por su condición de revolucionario y artista, se le otorgó libertad bajo caución, fijándose una penalización de tres mil pesos. Entre diciembre de 1930 y febrero de 1932, el pueblo de Taxco en las inmediaciones de la sierra de Guerrero, fue el espacio de la prisión domiciliaria en el que volvería a la pintura.

Como periodista, militante comunista y luchador social, la actividad de Siqueiros fue en ese entonces más prolífica que como artista: su euforia y pasiones de hombre de temperamento explosivo, lo habían llevado al límite. Sería su prisión domiciliaria en Taxco la que despertó su pasión por lo mestizo, aunque en la cárcel realizaría obras con temas que ponían en evidencia su clara decepción de la revolución mexicana, con representaciones de niños victimizados, hombres en posiciones de cristo y santones seculares.

El encierro en Lecumberri dejó huella profunda en su temperamento, además de que en ese periodo sufriera la expulsión del partido, y viviera una situación emocional inestable con las mujeres que marcaron su vida de manera determinante. Las reflexiones a donde apuntaba su pensamiento eran producto de sus ideas y la toma de decisiones intempestivas, además del carteo intenso con Luz, reflejaban al mismo tiempo contradicciones y dolor, elementos sin duda de la condición humana de un hombre intenso, apasionado y creativo que como en los infiernos de Dante, fuera presa de sus acciones.

En febrero de 1932, todavía cautivo y sin permiso de salir de Taxco, escapó para dirigirse a la Ciudad de México, con la única finalidad de estar presente en la clausura de una exposición en que se exhibieron 60 de sus obras y que había sido organizada por sus amigos; en aquel evento, Siqueiros planteó su postura sobre su idea de la pintura mexicana y un habló de un término que se volvió referencial y que llamó Mexican curious, con la que dictó una de las conferencias más consistentes: Rectificaciones sobre las artes plásticas en México.




David Alfaro Siqueiros realizando un mural. © INAH.


Bibliografía

  • Herner, Irene. Siqueiros: Del paraíso a la utopía. México, Porrúa, 2010.
  • Matute, Álvaro. La revolución mexicana: actores, escenarios y acciones. Vida cultural y política 1901-1929. México, Editorial Océano, 2002.
  • Ramírez, Fausto. Modernización y modernismo en arte mexicano, México, UNAM, 2008.
  • Roura, Alma Lilia. Olor a tierra en los muros. México, Educal, 2010.



Historiador y Coordinador de Voluntariado y Servicios al Público de Colegio de San Ildefonso. 






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