SAN ILDEFONSO EN EL TIEMPO

Jesuitas novohispanos en la construcción de la identidad cultural de México

 

Francisco Xavier Clavijero
Su paso por el Colegio de San Ildefonso


Jonatan Chávez*

 

Demostró aguda y clarísima inteligencia en el estudio de la filosofía

que se enseñaba entonces y de la cual, después,

ya maestro, él mismo se esforzaría por eliminar muchas cosas inútiles,

 para sustituirlas por la auténtica filosofía de Aristóteles...

 

Padre Juan Luis Maneiro


En 1970, México tenía un gobierno que alardeaba de ser heredero de la Revolución de 1910. Los actos oficiales generados para reconocer a los próceres constructores del moderno estado mexicano eran parte de la política que pretendía reconocer la lucha de aquellos héroes que, en contra del antiguo régimen, se hacían merecedores de los laureles de la gloria nacional.

En agosto de aquel año, el escritor Agustín Yáñez, secretario de Educación Pública dictaba un discurso potente y elocuente que exaltaba la labor con la que Francisco Xavier Mariano Clavijero y Echegaray, había contribuido para alumbrar a la nación mexicana, con el cual, el estado rendía justo homenaje al intelectual que había vivido doscientos años atrás.

Francisco Javier Clavijero.
©INAH

En efecto, el gobierno mexicano solicitó a Italia el retorno de los restos del jesuita veracruzano, los cuales fueron entregados a la delegación de gestores en el Palazzo Braschi de Roma. Desde ahí, la urna que contenía los restos del padre Clavijero, autor de la Historia antigua de México, emprendió un viaje itinerante de retorno a su país natal.

Primero pasó por Madrid, donde fue homenajeado por la Academia de la Historia y de la Lengua, para luego cruzar el Atlántico, donde fue objeto de reconocimientos en el puerto de Veracruz y la ciudad de Jalapa. Ya en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México, se le rindieron homenajes que culminaron con la colocación de la urna en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón de Dolores, donde sus restos aún reposan.

“Impulsor y renovador de la ciencia que se impartía en su tiempo, sintetizador de los valores clásicos y de las culturas autóctonas, una lumbrera que encendió la independencia mexicana”, fueron algunas de las proezas destacadas por el autor de Al filo del agua, todo iba en consonancia con la intencionalidad del acto de estado, si no fuese por la pequeña (gran) omisión de que Clavijero había sido uno de los jesuitas más prominentes del siglo XVIII novohispano.

La historia enseña constantemente que los olvidos intencionados se vuelven inolvidables y es que más allá de todo lo destacado por el secretario, era importante no olvidar contextualizar al personaje en su realidad y circunstancia 

Omitir la formación y pensamiento religioso de Francisco Xavier Clavijero como integrante de la Compañía de Jesús en el periodo virreinal, no lo hacía ni menos ni más compatible con la intencionalidad del que era rescatado del pasado por el orgulloso estado mexicano nacionalista y post revolucionario: al contrario, fue ese contexto el que le otorgó al jesuita la posibilidad de reflexionar sobre el tiempo que le tocó vivir.

De padre peninsular y madre criolla, Francisco Javier Mariano Clavijero y Echegaray vio la luz en el puerto de Veracruz el 9 de septiembre de 1731. Tercero de una familia de once hijos, poco se sabe del resto de sus integrantes, excepto de su hermano Manuel, quien formó parte del clero secular, donde hizo carrera.

El 13 de febrero de 1748, Francisco Xavier Clavijero ingresó a la Compañía de Jesús, al noviciado de Tepotzotlán, colegio destinado para el aprendizaje de los padres lenguas que se instruían en náhuatl y otomí. Las habilidades memorísticas de Clavijero lo pusieron al frente de cátedras en el Colegio de San Ildefonso como Letras y Filosofía.

En su formación, pudo leer sin cortapisas ni restricciones a Descartes, Leibnitz y Newton, muestra de que el siglo cambiaba y los autores novedosos de la época tenían cabida en los libreros del Colegio de San Ildefonso, en donde su cátedra de filosofía fue materia sustantiva; probablemente Clavijero tuvo su retrato colgado en alguno de los muros del colegio, pero se extravió en la noche de los tiempos.

Apasionado de la historia, escudriñó en la obra de Carlos de Sigüenza y Góngora que se guardaba con celo en el Colegio de San Pedro y San Pablo, lo que le permitió fortalecer su gusto por el estudio del pasado y ampliar sus fuentes. Los servicios religiosos y misiones encomendadas le mantuvieron como profesor que iba de San Ildefonso a Valladolid (hoy Morelia), donde tuvo como alumno, aún niño, al futuro cura de Dolores Miguel Hidalgo.

Noticia bibliográfica de las obras del
 abate Francisco Javier Clavijero.
©INAH

El decreto de 1767 emitido por rey Carlos III, sorprendió a Francisco Xavier Clavijero en el Colegio de Guadalajara, de donde fue arrancado para ser obligado a embarcar hacia el viejo continente. Ya en Bolonia, Italia,  la obra a la que tanto tiempo dedicó llegó a su término, con sus compañeros de destierro Abad y Queipo, Francisco Javier Alegre y Rafael Landívar.

Para su Historia antigua de México revisó las fuentes desde los antecedentes más remotos; tradujo del español al italiano los textos del libro para que en 1779 pudiese entregarle a Gregorio Biasini el escrito final para ser publicado, con la calma que le otorgó el destierro. La pobreza y la enfermedad minaron su existencia y en 1787 fallecería por una infección en la vesícula, a la edad de 55 años.

La historia de los países es el resultado de procesos enmarcados en hechos que conmemoran y fundamentan las acciones de gobiernos y estados al frente. Esta recurrencia es una constante en la historia de México, durante el siglo XX. Hechos, procesos y acciones dirigidas por personajes han sido puestos en pedestales o bajados de éstos, insertados o sacados de los libros y coronados con los laureles de la victoria: para nadie es secreto que la discrecionalidad se hace presente cuando la relectura del pasado es patente.

El presente no pretende ser un cuestionamiento a esta actividad humana, en ello radica la preservación de la memoria; lo que no debe suceder es la tergiversación, el olvido premeditado o el despojo injustificado: la relectura del pasado en tiempos modernos siempre ayudará a la generación de reflexiones, nuevas ópticas y puntos de vista, con posibilidades para tener claro el pasado y cómo repercutirá un legado, como el de Francisco Xavier Clavijero, en el presente.



Bibliografía


  • Bethell, Leslie. Historia de América Latina. Tomo iii. “América Latina colonial: Sociedad y cultura”. Barcelona, Cambridge University Press-Crítica, 1998.
  • Boturini Benaduci, Lorenzo. Historia general de la América Septentrional. México, UNAM, 1990.
  • Clavijero, Francisco Xavier. Historia antigua de México. México, Porrúa, 1991.
  • Décorme, Gerard. La obra de los jesuitas mexicanos durante la época colonial 1572- 1767. Tomo i “Fundaciones”, México, Porrúa, 1941.
  • Reynoso, Arturo. Francisco Xavier Clavijero: El aliento del espíritu. México, Artes de México-FCE-Universidad Iberoamérica, 2018.


Historiador y Coordinador de Voluntariado y Servicios al Público de Colegio de San Ildefonso. 





¿Quieres saber más sobre la historia del Colegio de San Ildefonso?

        

Comentarios

Populares