MEMORIA COMPARTIDA

 

Alfonso Reyes
Ateneísta y preparatoriano prominente


Jonatan Chávez*

  

¿Qué culpa tengo yo de tener memoria de colodión que lo que miro se me queda grabado?

Alfonso Reyes 


Alfonso Reyes
© INAH.

En la actualidad, cuando hablamos de cambio, pensamos en la inmediatez y agilidad que lo digital otorga, pero si nos remontamos al pasado en el pensamiento intelectual de hace un siglo, encontramos un grupo de jóvenes, quienes se aglutinaron para activar el pensamiento y la pluma en el Ateneo de la Juventud, convirtiéndose en referentes que no pueden pasar por alto.

En el intersticio del cambio de siglo, la historia intelectual del siglo XX mexicano comienza con el Ateneo: un grupo de intelectuales agrupados en el ejercicio de la filosofía y la literatura, asociación civil que vio su apertura el 28 de octubre de 1909 y que prevaleció durante los años más complejos de la Revolución mexicana, disuelta a mediados de 1914; en su espíritu, guarda gran parte del humanismo y pensamiento crítico que en las aulas de San Ildefonso se impartía hacia finales del siglo XIX. En el pensamiento de los ateneístas se fraguó la continuidad con la que se formaron decenas de generaciones de preparatorianos durante el siglo XX.

Entre las diversas aristas que para su estudio guarda este proceso cultural acontecido en México, existen dos fundamentales: marca el final del periodo positivista vigente por casi medio siglo, y que determinó en mucho la idea que el régimen de Porfirio Diaz proyectó para su gobierno, mismo que marcó un desarrollo económico y cultural no así social o democrático; por el contrario, creó posturas fragmentarias que detonaron en el estallido de la guerra y en un anquilosamiento de las conceptualizaciones sobre la identidad y las bases de la construcción de lo mexicano.

Por otro lado, quienes conformaron el grupo de Ateneístas pusieron en la mesa de la reflexión y la crítica al régimen y con ello accionaron la palanca del cambio de pensamiento, todos ellos surgidos de las filas de la Escuela Nacional Preparatoria, institución que vio hacer la educación moderna en México. Nombres como José Vasconcelos, Antonio Caso, Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes; escritores notables como Martin Luis Guzmán, Ricardo Gómez Robelo, Manuel M. Ponce e incluso Diego Rivera, por mencionar algunos, son referentes de este grupo, que para 1912, ya contaba con una lista considerable de personajes destacados en diversas disciplinas.

De principio, el Ateneo tuvo su origen en una evocación y relectura de la literatura clásica, cuyo interés era hacer reuniones para realizar lecturas en voz alta sobre estos temas; sin embargo, en el tránsito de siglos, este grupo de intelectuales se vio involucrado en la guerra y la reconstrucción de México que apostaba por reconocer su pasado occidental con base en la riqueza cultural de la que fue heredero. Vasconcelos, por ejemplo, proponía resaltar este baluarte y con base en ello cimentar la identidad nacional.

Otro de los personajes integrantes esenciales del Ateneo de la Juventud fue, sin duda Alfonso Reyes Ochoa, nacido en la ciudad de Monterrey (mayo 17 de 1889). Dedicó su vida a la jurisprudencia, la poseía, el ensayo, la traducción y la diplomacia; hijo del general Bernardo Reyes, quien fuera gobernador del estado Nuevo León y más tarde ministro de Guerra en el gobierno de Porfirio Díaz, por la asociación de su padre con el régimen porfirista, Alfonso Reyes atravesara por complejas situaciones, que sin duda determinaran el desarrollo de actividad como gestor y diplomático.

Después de concluir estudios en su ciudad natal, Alfonso Reyes se traslada a la Ciudad de México en 1906 para realizar estudios en la Escuela Nacional Preparatoria y en la Escuela de Jurisprudencia, vinculada a San Ildefonso desde 1833, cuando se comenzaron a impartir lecciones de derecho en este recinto. En 1912 fue secretario de la Escuela de Altos Estudios que más tarde sería la Facultad de Filosofía y Letras.

Se graduó como abogado en 1913, mismo año que su padre participó en el golpe de estado en contra del presidente Francisco I. Madero y su hermano accedió a formar parte del gobierno golpista de Victoriano Huerta; por lo tanto, Alfonso Reyes mantuvo una situación en vilo que lo hizo salir del país para unirse a la legación diplomática en Francia, puesto que ocupó hasta 1914.

En sus aportaciones como ateneísta, Alfonso Reyes escribe un artículo titulado Nosotros (1914), texto tan importante como El movimiento intelectual contemporáneo en México de José Vasconcelos (1916), La revolución y la cultura de México de Pedro Henríquez Ureña (1925), y Pasado inmediato (1941) también del intelectual regiomontano; en su conjunto, estos artículos son referencias ineludibles para entender la intencionalidad que el Ateneo como grupo proponía para el desarrollo de la cultura en México. Después, los destinos del escritor y traductor y sus habilidades como gestor lo llevaron al camino de la diplomacia, que desempeñó de manera destacada al ocupar el cargo de embajador en Francia, España, Argentina y Brasil.

Su labor intelectual y de escritor lo hicieron fundador de instituciones educativas que son pilares en la educación del México del siglo XX; la Casa de España en México en 1939, antesala del Colegio de México de 1940, que sirvió para recibir a un grupo considerable de españoles refugiados por el exilio de la guerra civil. Más tarde participó en la fundación de El Colegio Nacional en 1943.

También ocupó la presidencia de la Academia Mexicana de la Lengua en 1957. Puede decirse que por lo prolífico de su escritura, carteos con intelectuales de México y el mundo, sin olvidar sus ensayos, Alfonso Reyes es considerado un intelectual y gestor cultural de primer nivel en favor de México y la cultura en Iberoamérica, que gracias a su labor diplomática tuvo a bien conocer de cerca y reflexionar en relación a los orígenes, paralelismos y evolución de la misma, por lo que sus textos se vuelven referenciales y una posibilidad para releer las cercanías culturales compartidas entre pueblos.

Como diplomático, intelectual y escritor se puede decir que la visón de Alfonso Reyes fue la de un hombre que integró el pensamiento multicultural a la complejidad de los procesos humanos. Es decir, entendió la condición humana y los procesos históricos que la llevan a diversas travesías de las que obtiene aprendizajes y replantea posturas; su vida fue el ejemplo claro de ese proceso y su andar por caminos tan complejos observante de diversas realidades en las que las líneas paralelas se tocaban más de una vez.

Su pluma y pensamiento abarcaron todos los temas y complejidades, desde la intención de mostrarle al viejo continente con Nosotros que en México había grupos de intelectuales tan importantes como los del viejo mundo, hasta reflexiones sobre la buena mesa en Memorias de cocina y bodega, sin olvidar su Visión del Anáhuac en la que plantea cómo el constructo de lo mexicano nace en la idea de una civilización asentada en un valle lacustre y la poderosa significación que a través de los tiempos se fraguó, para marcar con ese sentido identitario toda una región llamada México.

Alfonso Reyes falleció el 27 de diciembre de 1959 en el Ciudad de México, sin duda un personaje destacado de la historia del siglo XX mexicano, que con sus aportaciones contribuyó no solo al robustecimiento de la cultura de su país sino de la región que hoy entendemos como Iberoamérica, que por el dominio de la lengua que impera y por su obra es una reiteración de la herencia cultural de occidente, que guarda su mayor riqueza y futuro en estas latitudes.

Alfonso Reyes en su biblioteca, la Capilla Alfonsina
© INAH.


Bibliografía

  • Latin American Lives. Nueva York, Macmillan, 1998.
  • Matute, Álvaro. La revolución mexicana: actores, escenarios y acciones. Vida cultural y política 1901-1929. México, Editorial Océano, 2002.
  • Ramírez, Fausto. Modernización y modernismo en arte mexicano, México, UNAM, 2008.
  • Reyes, Alfonso. Diario I. 1911-1927. México, FCE 2010.
  • Reyes, Alfonso. Diario II.1927- 1930.  México, FCE 2010 


Historiador y Coordinador de Voluntariado y Servicios al Público de Colegio de San Ildefonso. 






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