SAN ILDEFONSO EN EL TIEMPO

 

Aportaciones de los jesuitas novohispanos en la construcción
 de la identidad cultural en siglo XVIII

 Francisco Javier Alegre
 (1729- 1788)


Jonatan Chávez* 


En esa travesía más de una vez sirvió de salvación y ayuda a los pilotos de la nave y a los demás que viajaban en ella: pues —gracias a— el conocimiento de la aguja náutica —que había adquirido desde niño según vimos, y que había perfeccionado al avanzar la edad, cuando se consagraba a las matemáticas— observó que le era útil al agitarse con frecuencia el mar y sugería disimuladamente al piloto la posición en que estaban, y también hacia a donde debían dirigir el curso sin peligro…

Manuel Fabri, S.J. 


Francisco Xavier Alegre

La llegada de los jesuitas a la Nueva España implicó un proceso de expansión en dos direcciones: la presencia de la orden en el territorio septentrional americano y su incorporación al orbe de presencia cristiana que, con la geopolítica y la economía habrán de formar un eje fundamental en el sostenimiento del poderío del imperio español en el mundo y la prevalencia de la cultura occidental a nivel global.

La Nueva España pronto se posicionó como enclave del proceso cultural en el mundo: los nuevos recursos naturales, en especial los mineros y su posición geográfica, la hicieron pronto ser una nueva ruta de acceso al oriente milenario —objetivo final de las expediciones— y al mismo tiempo, establecer una presencia permanente de cultura europea y cristiana.

La cultura que comenzó a gestarse en la América septentrional será desde su origen variopinta y multidiversa, fusión de reminiscencias indígenas milenarias que prevalecieron tras la conquista, con inserciones de elementos provenientes de todas las latitudes del mundo: la migración forzada proveniente desde África con la trata de esclavos por el pujante comercio de productos y manufacturas obtenidas en los enclaves de Asia como Macao, Luzón y Manila; unas de paso, otras para mantenerse y fusionarse —pero todas en conjunto—, generaron un proceso de apropiación y enriquecimiento que al día de hoy continúan como uno de los procesos culturales más ricos que la humanidad haya generado.

En suma, la Nueva España con su Camino Real de Tierra Adentro y el control de la ruta del galeón de Manila reunió dos de las redes comunicacionales que han hecho de la cultura occidental su más grande anhelo: la ruta de la seda y la ruta de la plata, enmarcadas y justificadas bajo el fenómeno de la cristiandad, cuya misión era llegar a todos los rincones del orbe. 

Las órdenes mendicantes que participaron de aquel proceso (como los jesuitas), tenían presente todo el tiempo que el conocimiento era la herramienta que los habría de sacar de aprietos en caso de encontrarse en ellos en las inmediaciones de tierras inhóspitas, enfrentados a las hostilidades de las poblaciones que resistían la presencia europea, y el mismo entorno geográfico, solo podrían esperar resolver una situación con lo aprendido en los colegios y en las misiones. De ahí, la importancia de la movilidad de misioneros y profesores en todos los colegios, del mismo modo, para dar a conocer las informaciones recabadas en los territorios y que fuesen de ayuda a las futuras generaciones.

Francisco Xavier Alegre (12 de noviembre de 1729) fue un personaje que tuvo muy claro este concepto, y en su mentalidad de hombre de fe y conocimiento, se dio a la tarea de elaborar un registro de la orden a la que perteneció. Originario de Veracruz, de padres peninsulares, el padre Francisco Xavier Alegre (12 de noviembre de 1729) ingresó al seminario de San Ignacio en la ciudad de Puebla de los Ángeles, para luego en 1747 ordenarse en la Compañía de Jesús; desde muy joven, gracias a su memoria privilegiada, tuvo habilidades en los idiomas principalmente el latín y griego, además de francés, italiano y estudios en náhuatl.  

La habilidad en idiomas le abrió puertas que lo llevaron a tener itinerancias en Yucatán, La Habana y Ciudad de México. En el Colegio de San Ildefonso se encargó de impartir las cátedras de literatura y latín y en 1764, fue llamado para formar parte del grupo encargado de renovar el programa educativo. Pensar que todo en el pasado permanece inamovible resulta tan erróneo como la idea de que en el presente todo es estático; los jesuitas del siglo XVIII sabían que los tiempos eran otros y era necesario renovarse.

Esta fue la pauta que dio paso al proceso de renovación jesuítico que, ante el advenimiento del siglo y las ideas de la Ilustración, la orden no fue ajena y en las aulas de San Ildefonso se puso a prueba esa renovación: el padre Francisco Xavier Alegre comenzó a escribir su Historia de la Compañía de Jesús en Nueva España, proyecto ya encomendado un siglo atrás a Francisco de Florencia y al ser retomado por el padre Alegre en el siglo de la Ilustración, dio una de las obras más importantes sobre los procesos de asentamiento de la orden en territorio novohispano.

Con la expulsión de 1767, y bajo la estricta orden de que solo podían llevar pertenencias personales y dejar el resto, Francisco Xavier Alegre fue obligado a dejar el escrito hasta ese momento realizado; ya en el exilio, tuvo que darse a la tarea de reescribirlo todo, hecho que demuestra la habilidad y profunda memoria del padre jesuita que no solo logró su cometido, sino también hizo de esta obra una de las referencias más importantes para entender desde la visión religiosa el proceso de apropiación del territorio, la complejidad del proceso cultural que la orden había realizado desde su arribo en siglo XVI, así como las informaciones ya de tipo científico plasmadas en una carta geográfica alusiva al Hemisferio mexicano. No se debe olvidar que, en el siglo XVIII, se dio un reavivamiento sobre las expediciones geográficas, pues con el pensamiento enciclopédico de la época, la renovación de cartas náuticas, mapas y la evolución sobre disciplinas como la astronomía, geografía y carrera náutica en todo el mundo, eran necesarias estas cartografías y estudios.

Su obra no se constriñe solo a la historia de la provincia: como traductor y amante de las letras clásicas hizo una traducción de Arte poética de Nicola Boileau; Alexandriada, epopeya que narra la conquista de la ciudad de Tiro por el conquistador de todos los tiempos Alejandro Magno, así como Arte retórica, un escrito a manera de tratado que platea la importancia del arte que debe reunir la pluma para llevar a buen término un escrito.

Su literatura refleja el espíritu renovador de las ideas sobre el pasado grecolatino que llenaron todo el quehacer intelectual de occidente en el siglo XVIII, vinculado con las ideas ilustradas de la época, que ponen de manifiesto que la orden jesuita no era ajena ni renuente a los procesos de renovación; es más, puede decirse que la renovación ideológica que atravesaba el mundo era un reavivamiento de las ideas humanistas con las que la orden había nacido.

La renuencia a la estilística literaria desarrollada en el siglo XVII (gongorismo, como la refiere Gérard Decorme —hoy conocida como barroco—), se basaba en que la orden tenía predilección por el clasicismo y la limpieza retórica del mundo grecolatino al que aspiraban emular; esa era la esencia de la orden concebida por el fundador, bajo la cual fue educado y al mismo tiempo era la que se promovió al interior de los colegios. El siglo XVIII era para la orden una reiteración de su apreciación por lo clásico con un sentido científico renovador, meticuloso y preciso; sin embargo, al interior de las esferas del poder del clero secular, los intereses de la geopolítica europea ya habían echado la suerte de la anulación de la orden.

En el exilio de Bolonia, Francisco Xavier Alegre realizó la mayor parte de su producción literaria y después de su muerte, acontecida el 16 agosto de 1788, fue publicada su obra, misma que fue conocida en el México independiente entre 1841 y 1842, al inicio de una de las décadas más convulsas de la historia nacional.

Francisco Xavier Alegre: Historia de la Compañía
 de Jesús en Nueva España 
(edición mexicana 1841)

La Historia de la Compañía de Jesús en Nueva España es un referente sustancial que es debido conocer. Francisco Xavier Alegre no solo vertió la meticulosidad y ejercicio minucioso del historiador, también expresó la complejidad que representó para la orden el asentamiento, creación y sustento de los colegios y misiones. Entenderlas como procesos de mera intrusión o expansión es una visión limitada; representan una etapa del desarrollo cultural que sembró las semillas de procesos de arraigo más complejos en la cultura que hoy llamamos mexicana. 

Este proceso no fue fácil, ni mucho menos inmediato, hoy que revisamos y corregimos sobre nuestros pasos prácticas que ya no tienen cabida; es el periodo virreinal espacio y tiempo propicio para reflexionar sobre la complejidad de un proceso… conocerlo, reflexionarlo y resignificarlo, con la única finalidad de que lo acontecido en contra de la condición humana ya no puede ser ejercido y tenerlo presente es necesario para que en un futuro no vuelva a ser puesto en práctica,  pues depositarlo en el territorio del olvido, tendría repercusiones lamentables para el ser humano, ya que es el único que suele tropezarse con la misma piedra más de una ocasión. 


Bibliografía

  • Alegre, Francisco Xavier. Historia de la Compañía de Jesús en Nueva España. México, Porrúa, 1997.
  • Brading, David A. La Nueva España:, Patria y religión, México, FCE, 2015.
  • Bethell, Leslie. Historia de América Latina. 3. América Latina colonial: Sociedad y cultura. Barcelona, Cambridge Press University- Crítica, 1998.
  • Décorme, Gerard. La obra de los Jesuitas mexicanos durante la época colonial 1572- 1767. Tomo I: “Fundaciones”, México, Porrúa, 1941.
  • Lozano Fuentes, José Manuel. Historia de España. México. CECSA, 1984.



Historiador y Coordinador de Voluntariado y Servicios al Público de Colegio de San Ildefonso. 






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