MAESTROS MURALISTAS

David Alfaro Siqueiros

En la Escuela Nacional Preparatoria

En septiembre de 1922, por petición de Vasconcelos, David Alfaro Siqueiros se integró al grupo de muralistas de San Ildefonso, luego de volver del viejo continente. Para entonces, ya mantenía una intensa actividad artística y política, iniciada desde 1921 cuando fue jefe de redacción de la revista llamada Vida Americana editada en Barcelona, desde la cual convocó a los artistas a generar un nuevo movimiento plástico.

Tres llamamientos de orientación actual a los pintores y escultores de la nueva generación americanafue como llamó Siqueiros a la apelación transformadora del arte, la cual descansaba sobre tres puntos fundamentales para él: uno, que los artistas antepusieran en su concepto creativo lo constructivo por encima de lo decorativo; dos, volver a sus raíces, al origen de las tradiciones americanas, ya fueran mayas, nahuas, incas…, abrevar de ellas y no caer en indianismos o primitivismos, que constituían el denominador común dentro de los círculos artísticos de su tiempo, debido a la fuerte influencia que el africanismo tuvo en las vanguardias, y tres, proponía universalizar el arte por medio del diálogo entre pasado y presente a través de un modelo teórico.

Para alcanzar este acuerdo, consideraba que el cine era una herramienta esencial; en todo caso, lo importante era traer al presente el pasado indígena, pero no aquel representado por la mestizofilia nacida con los hallazgos de Manuel Gamio, en donde al mismo tiempo que glorificaba pasado indígena, rechazaba al indígena real.

Con un gran conocimiento de los movimientos artísticos europeos, que iba de la pintura renacentista de Massaccio a la pintura metafísica de Giorgio de Chirico, Siqueiros llegó con 25 años a San Ildefonso con el pincel desenvainado y dispuesto a todo, para poner en práctica sus ideas, pues no encontraba eco entre sus contemporáneos; por el contrario, le desilusionaba la obra de Rivera, Orozco, Charlot, Leal y Cahero.

En una entrevista realizada en 1952, Siqueiros afirmó que representaría la Alegoría de la Revolución mexicana; el lugar elegido o asignado fue el patio de Novicios, no sin antes manifestar su descontento al Secretario de Educación bajo el argumento de que los demás muralistas se habían apropiado de los mejores espacios, a su pesar de que en su opinión carecían de talento.

El comienzo de su obra consistió en una experimentación constante que rayaba en la informalidad pues, a pesar de que exploró diversas técnicas, que pasaron del encausto al fresco, sus constantes ausencias parecían descuidos que desesperaron al propio Vasconcelos. Para darle celeridad, intervinieron los pintores Xavier Guerrero y Roberto Reyes (personajes de los que será conveniente mencionar en otra entrega). Los primeros murales fueron terminados en 1924, una vez que Siqueiros fue expulsado de la preparatoria.

Los elementos, David Alfaro Siqueiros
Si bien su intención era presentar una propuesta nueva, bajo la idea de hacer algo tan nuestro que no se parezca a nada, la encáustica titulada Los elementos (1922-23) fue recibida con una interpretación poco afortunada, pues mientras Charlot evocó en ella al Espíritu de Occidente cayendo sobre el Nuevo Mundo, Diego Rivera lo entendió como un ángel de Miguel Ángel sirio libanés… así lo narra Alma Lilia Roura en Olor a tierra en los muros.

El entierro del obrero sacrificado (1923), con el que Siqueiros cerró su ciclo en San Ildefonso, reúne la lucha obrera y la universalidad; el espíritu de lucha llevado hasta la última consecuencia es uno de los valores más destacables de esta obra, que evoca a Felipe Carrillo Puerto. En la factura de este mural  destaca como tema central la denuncia, una vertiente de este movimiento plástico que se acentuó con el tiempo.

Respecto a la obra de Siqueiros en la Preparatoria no se puede afirmar que constituya un intento fallido en la búsqueda de su propio lenguaje; al contrario, representa un claro ejemplo de que la experimentación y la persecución de lo propio fue un gesto compartido por todos los muralistas del Colegio de San Ildefonso, en el que plasmaron tanto sus anhelos, deseos y convicciones, como la negación de sus orígenes. Lo más sorprendente del espíritu de Siqueiros es que su negación y rechazo por lo indígena era más parecido al blanqueamiento decimonónico que al espíritu revolucionario del joven contestatario.

Bibliografía
  • Matute, Álvaro. La revolución mexicana: actores, escenarios y acciones. Vida Cultural y política 1901-1929. México, Instituto Nacional de Estudios Históricos y Océano, 2000.
  • Ramírez, Fausto. Modernización y Modernismo en el arte mexicano. México UNAM, 2008.
  • Roura Fuentes, Alma Lilia. Olor a tierra en los muros. México, EDUCAL, 2012.
  • Leal, Fernando. El arte y los monstruos. México, IPN, 1990.


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