Memoria Compartida | Anecdotario

La Escuela Nacional Preparatoria

epicentro del Barrio Universitario



La historia educativa de México es heredera directa de la llamada Revolución Educativa en Europa; en palabras de Richard Kagan, esta última marcó la evolución del pensamiento escolástico medieval al humanismo renacentista, provocada por los descubrimientos geográficos y la imprenta, que permitió la propagación de saberes.

La Real Universidad Pontificia de México (1553), estructurada bajo el modelo de la Universidad de Salamanca (1218), con la venia de la Monarquía Española y el Papado, las dos instituciones más poderosas del viejo continente, refrendaba que la civilidad de América consistía en replicar la institucionalidad peninsular a fin de mantener la unión. Las órdenes religiosas contribuyeron a este proceso cultural y educativo y los jesuitas, con la fundación de colegios, fortalecieron la cultura hispánica.

Las disciplinas impartidas en la Universidad, así como las jerarquías y los protocolos, replicaron las del viejo mundo, con la diferencia de que generaron sus propias representaciones, como el Real Tribunal del Protomedicato (1628), que contribuyó a hacer la América. Se instauró así un mundo criollo lleno de paradojas y aspiraciones.

Con el advenimiento del siglo XVIII, la refinada sociedad novohispana, en su pretensión por emular a la metrópoli, solicitó la instalación de Academias, no solo en las artes gremiales como la pintura o la escultura, que engendró la Academia de San Carlos (1781), sino también en la minería, que dio origen a la creación del Real Colegio de Minas (1793). Creadas en un sentido de pertenencia y aspiración colectiva, se fortalecieron con la necesidad de aprender y de apropiarse del territorio.

La Independencia sometió a un proceso de estancamiento al mundo educativo, no por descuido mas por circunstancias políticas; las intervenciones extranjeras y las guerras intestinas entre liberales y conservadores, cerraron más de una vez a instituciones como la Universidad en 1833, pues su origen era símbolo de la opresión. Se buscaron entonces nuevas pedagogías laicas empleadas en la creación de la Escuela Nacional de Jurisprudencia (1833), de Medicina (1836), de Ingenieros (1867) y en la Escuela Nacional Preparatoria (1867).

Al final del siglo XIX, la idea del progreso puso de relieve la necesidad de vigorizar la educación; la visión de Justo Sierra y la labor que realizó durante el régimen porfirista para la creación en 1910 de la Escuela de Altos Estudios y la reapertura de la Universidad Nacional de México, representaron los pasos más importantes para el establecimiento de la educación moderna.

La conversión de las escuelas en facultades universitarias, esparcidas por las cuadras del centro histórico, dieron origen al llamado Barrio Universitario, que iba desde la calle de Moneda, por la Academia de San Carlos  y el edificio de la Rectoría, hasta el viejo edificio de la inquisición que resguardaba a la Facultad de Medicina, la Escuela de Ingenieros y Física en el Palacio de Minería, la Biblioteca Central albergada en el suntuoso exconvento de San Agustín y la Hemeroteca Nacional dentro del colegio jesuita de San Pedro  y San Pablo.

La sinergia del pasado con el presente construyó la identidad universitaria; San Ildefonso recibía a sus alumnos, los convertía en preparatorianos y sus facultades los volvían profesionistas. Intelectuales, artistas, políticos, escritores, actores, presidentes, ingenieros, químicos y físicos, generaciones completas pasaron su etapa estudiantil en ese barrio, que desarrolló el sentido de comunidad universitaria y que se transformó en el centro de la vida estudiantil del México moderno.

De 1946 a 1954, se llevó a cabo el diseño y construcción del proyecto de la Ciudad Universitaria; la idea de concentrar en un solo espacio de siete millones de metros cuadrados, facultades, escuelas, institutos y oficinas universitarias constituyen la evidencia de un proyecto de nación que por su relevancia histórica lo vuelven uno de los más sólidos e importantes de la historia nacional. Con el traslado, en manos de la UNAM quedó el resguardo del patrimonio universitario y de la memoria histórica de la educación.

Bibliografía

  • Matute, Álvaro. La revolución mexicana: actores, escenarios y acciones. Vida Cultural y política 1901-1929. México, Océano, 2002.
  • Maravillas y Curiosidades, Mundos inéditos de la Universidad. México, UNAM, 2004.
  • Los 100 años de la UNAM. México, La Jornada, 2010
¿Quieres saber más sobre la historia del Colegio de San Ildefonso?


    

Comentarios

Populares