San Ildefonso en el tiempo | Miguel del Barco

Miguel del Barco y su Historia natural y crónica de la Antigua California

La aportación de los jesuitas en la construcción de la identidad criolla novohispana

Jonatan Chávez*


Un misionero respetable y digno de fe por su conocida sinceridad,
a quien somos deudores de casi todos los materiales de este
ensayo de historia natural, cuenta en sus manuscritos que,
habiendo sembrado en un campo de la misión de
San Francisco Xavier ocho y medio almudes de trigo,
cosechó doscientas seis fanegas, esto
es, dos mil setenta y cuatro almudes…

Francisco Xavier Clavijero


En 1945 se creó el Instituto de Investigaciones Históricas, espacio generador de líneas de investigación sobre los procesos del devenir de México, que han constituido su configuración como país a través del tiempo. Los temas están concatenados a los procesos históricos por los que el país ha transitado: virreinal, siglo XIX y contemporáneo, así como la interacción que como entidad, México ha tenido en contextos nacional, regional y global, con sus repercusiones en la actualidad.

En 1973 el doctor Miguel León-Portilla, especialista en filosofía, lingüística y culturas indígenas, mientras estaba a cargo de la dirección del instituto y sin descuidar su trabajo de investigación, se dio a la tarea de rescatar de la noche del tiempo la obra de un jesuita que dedicó gran parte de su vida al estudio regional de la California y la relación de sus habitantes con el entorno.

Miguel del Barco no fue criollo de la Nueva España, nació en la región de Extremadura en 1709 donde se ordenó como miembro de la Compañía de Jesús en el Colegio de Castilla, sin embargo, la inquietud por ampliar su espacio de acción lo llevó a dejar el viejo continente y como parte de ese reavivamiento migratorio que el reformismo borbónico amplió, se dirigió a la Nueva España en 1735. Dos años más tarde —en 1737—, es enviado a la misión de San José del Cabo, para luego permanecer por más de tres décadas en el pueblo de San Xavier, donde tendría una fuerte colaboración con los pueblos cochimíes de la región.

Como peninsular de origen, estaba en la condición de ostentar cargos de rango que sólo la corona española podía conceder, de 1750 a 1754 Miguel del Barco fue visitador dentro de la región de California, uno de los rangos más altos creados por la burocracia borbónica, que consistía en ser los ojos y oídos de la autoridad imperial bajo un estricto sentido de honestidad, para revisar los asuntos de vital importancia para la corona.

Por un lado, le permitían a del Barco tener acceso a todos los espacios y documentación que deseara consultar, y por el otro, su deber era informar cualquier situación anómala que encontrara, lo que a la distancia se presenta como una paradoja y evidencia de que aquella causal enlistada entre tantas, como aquella de que los jesuitas del norte novohispano pretendían replicar lo acontecido en las misiones guaraníes de América del Sur, era solo una acusación sin fundamento.

Mapa de la Antigua y Nueva California, 1787 (Copia al carbón)
©️ Archivo Histórico Pablo L. Martínez, Gobierno de Baja California Sur

El trabajo de Miguel del Barco es una compilación acuciosa sobre diversos temas relacionados con la geografía de California, cuya finalidad era no solo aprender, sino reconocer las oportunidades de aprovechamiento de los recursos que la región ofrecía; para ello se valió del trabajo de Fernando Cosang, quien previamente ya había dedicado parte de sus esfuerzos intelectuales a revisar distintos procesos en la región.

Se ha dicho que al interior de la compañía, las imprentas jugaban un papel esencial en el proceso de divulgación de saberes: trabajos, escritos y estudios de todas las regiones del planeta donde tenía presencia, servían como apoyo para sus integrantes. La obra del misionero extremeño se envió al padre Andrés Marcos Burriel, quien era el encargado de las prensas de la editorial en Madrid, que en 1757 publicara la obra de Miguel Venegas, jesuita poblano al que se le había encomendado hacer un libro sobre la región de California que no conoció, pero que echó mano de todo lo conocido sobre la misma. Ambas obras, la de Miguel del Barco y Fernando Cosang, fueron de vital importancia para su trabajo pero no verían la luz, sino siglos más tarde. Se mantuvieron inéditas debido a esta causa y sin duda al fenómeno de la expulsión. Esto no demerita lo realizado por Miguel Venegas: por el contrario, fue muy bien recibida, pues en pleno cenit cultural de la compañía en todo el mundo, la California se presentaba como la utopía donde todo era posible.

Ya en el exilio, Miguel del Barco elaboraría textos que denominó Adiciones —en referencia a la obra de Venegas—, con la finalidad de ampliar lo sabido del territorio del noroeste novohispano. En conjunto, estos escritos fueron de gran importancia para el trabajo de Francisco Xavier Clavijero y su estudio sobre la región, reiteración de la importancia que había tomado para la orden el territorio.

Miguel del Barco se mantuvo en la California hasta el año de 1768, mientras la expulsión de la orden se hacía efectiva en los colegios de las ciudades virreinales, las misiones fueron evacuadas en procesos más lentos, que le permitieron a del Barco reunir detalles que hacen de su trabajo un texto rico en detalles e ilustraciones.

El doctor León-Portilla encontró en las Adiciones de Miguel del Barco peculiaridades propias de observador de científico incipiente, pues realiza dibujos descriptivos de flora, fauna y entornos con el afán de desglosar las cualidades de lo que le rodea y de registra en ilustración, característico de la ciencia del siglo XIX.

La Historia natural y crónica de la Antigua California está reunida con las adiciones y referencias de la información recogida por Miguel del Barco; los textos refieren la traducción de oraciones, rezos en cochimí, cartografías puntuales de toda la península, que como la obra de los jesuitas de su tiempo no mantiene en un sentido aislado: por el contrario, las integró al circuito global del mundo de la época, por lo tanto, son una reiteración de la visión del cambio de época del que la orden no fue ajena.

La historiografía del pasado revisada desde la institucionalidad y la academia resulta esencial en el estudio del pasado. Por medio de ella, es posible reconfigurar la memoria, ampliarla, entender la intencionalidad y peculiaridades de épocas y sociedades, sus aspiraciones e ideales; son los especialistas los encargados de mantener siempre el rigor y cuidado de analizar el pasado, para tener certeza en las reflexiones del presente.

Bibliografía

  • Bethell, Leslie. Historia de América Latina. 3. América Latina colonial: Sociedad y cultura. Barcelona, Cambridge Press University- Crítica, 1998.
  • Decorme, Gerard. La obra de los jesuitas mexicanos durante la época colonial, 1572- 1767. Tomo I: “Fundaciones”. México, Porrúa, 1941.
  • Del Barco Miguel. Historia natural y crónica de la Antigua California. México, UNAM, 1988.
  • Gran Historia de México ilustrada. Tomo II: “Nueva España”, 1521-1750, México, Planeta De Agostini-Conaculta-INAH, 2004.
  • Lozano Fuentes, José Manuel. Historia de España. México. CECSA, 1984.
  • Mazín, Óscar y José Javier Ruiz Ibáñez. Las Indias Occidentales. Procesos de incorporación territorial a las monarquías ibéricas. México, El Colegio de México, 2012.
  • Revelaciones. Las artes en América Latina 1492-1821. México, Antiguo Colegio de San Ildefonso, 2007.

*Historiador, Coordinador de Voluntariado y Servicios al Público del Colegio de San Ildefonso.


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