SAN ILDEFONSO EN EL TIEMPO


Historia de la Compañía de Jesús en Nueva España

La obra del padre Francisco Xavier Alegre y su
contribución al proceso cultural novohispano



Jonatan Chávez*


La historia de la Compañía de Jesús en Nueva-España, que en fuerza de orden superior emprendemos escribir, comprende [...] el espacio de doscientos años desde la venida de los primeros padres a la Florida, hasta el día de hoy, en que con tanta gloria trabaja en toda la extensión de la América Septentrional. No ignoramos que entre los muchos que han emprendido esta historia, y de cuyas plumas se conservan no pequeños retazos en los archivos de la provincia, pocos son los que han seguido esta cronología, partiendo los más como de primera época de la venida del padre Pedro Sánchez, año de 1572. 

Francisco Xavier Alegre


A mediados del siglo XIX, Carlos María de Bustamante —personaje del partido conservador— relata cómo un grupo conformado por más de ciento setenta y dos personas expusieron ante el congreso mexicano sus razones a fin de que la Compañía de Jesús volviera a México y tener presencia estable como en diversas regiones de América (incluidos los Estados Unidos): para dar su voto a favor, mostraron la obra de Francisco Xavier Alegre, quizás con la intención de persuadir a los ahí presentes que la obra del jesuita era un referente histórico que serviría como sustento para esa reconfiguración de identidad del estado-nación mexicano, tan necesaria en los tiempos que transcurrían. Más allá de que los hechos así lo avalan, la obra del padre Alegre contiene mayores aspectos que hoy son posibles de revalorar y reflexionar.

Salvador Pruneda. Retrato de Francisco Javier Alegre.
Tinta sobre papel. Instituto Nacional de Estudios
Históricos de las Revoluciones de México

En los más de trescientos años de dominio hispánico sobre los territorios americanos, la corona española se dio a la tarea de afianzar y fortalecer las instituciones representativas de su poder, al servicio de justificar su razón de ser y permanecer, es decir, el imperio español siempre mantuvo un estrecho vínculo con todo aquello que servía para que su presencia estuviese en mente de sus vasallos y en la geopolítica del momento mantener su dominio sobre los vastos territorios americanos.

Dos soportes fundamentales fueron el establecimiento y presencia del clero secular a través de obispados, de los cuales era a la vez representante y garante, pues no hay que olvidar que la concesión del Patronato Regio a los monarcas ibéricos —Castilla y Portugal— les había sido concedido desde tiempos de Isabel y Fernando por parte del papado, y la difusión del credo a través de la evangelización como creencia única a través del clero regular, con lo que mantuvo un control y justificación total de sus dominios.

La asimilación territorial denominada como Nueva España al concepto cultural de occidente transitó por diversos procesos y periodos, que, en conjunto, fueron dando raigambre e identidad propia a las generaciones que habitaron el territorio. Hoy no puede decirse que fue un proceso homologado, de aplanadora, pues esta sería una conclusión precipitada y simplista en aras de pretender sintetizar uno de los fenómenos culturales más complejos que la historia humana haya generado.

Las órdenes mendicantes que ingresaron como parte del primer proceso evangelizador —franciscanos, agustinos y dominicos— encontraron en las regiones próximas al centro, occidente y sureste una amalgama de poblaciones indígenas que si bien formaron parte del dominio mexica o se habían mantenido en confrontación, al arribo de los españoles encontraron alianza y con ello, beneficios que les permitieron asimilar —nunca de manera sencilla o definitiva—, la imposición y dominio de los recién llegados, con lo que la evangelización como proceso cultural de sometimiento fue más inmediata o accesible para quienes tenían la misión de hacerlo factible.

Tampoco puede olvidarse que el proceso de asimilación fue discrecional, sujeto siempre a los intereses económicos que movían a los conquistadores. El descubrimiento de los reales mineros en Zacatecas y más tarde en Parral, el establecimiento del Camino Real de Tierra Adentro y la ruta del tornaviaje del galeón de Manila, movió a esas latitudes las miradas de los occidentales.

Podría decirse que, hacia finales del siglo XVI, la evangelización estaba concluida, o al menos eso era lo que al monarca Felipe II —devoto rey de la cristiandad— le resultaba de vital importancia para dar por hecho que su misión había sido efectuada. Sin embargo, para lograr tal cometido, el enfrentamiento con los pueblos seminómadas del norte novohispano ponía en vilo la misión asumida por la corona española.

La Historia de la Compañía de Jesús en Nueva España es un compendio que reúne el proceso que los jesuitas emprendieron con la llegada de los primeros misioneros a la región de la Florida en 1566 —la cual no prosperó en la América Septentrional sino hasta su arribo en 1572 al territorio novohispano—. Con la metodología del enciclopedismo propio del siglo XVIII ilustrado, Francisco Xavier Alegre pretendió abarcar al máximo la totalidad del proceso sucedido desde más de ciento veinte años trascurridos antes de la fecha de su nacimiento (1729) y continuado por más de medio siglo hasta su exilio forzado por la Pragmática del monarca Carlos III (1767), tarea nada sencilla si partimos de que le obligaron a dejar su escrito original antes de salir rumbo a Veracruz, y que prácticamente todo ese compendio lo hizo de memoria, en el viejo continente y publicado después de su muerte (1788).

Historia de la Compañía de Jesús en Nueva
España
. Del P. Francisco Javier Alegre
(al tiempo de su expulsión) 


Es importante destacar que la obra estaba pensada para publicarse en dos tomos; sin embargo, las circunstancias del exilio, la distancia y pérdida de la información solo lo llevaron a la creación del primero, dividido en ocho capítulos y para el cual se apoyó en un texto previo del padre Andrés de Rivas, quien ya tenía la intención de hacer una crónica, pues una de sus obras más conocidas fue la del proceso fundacional de Sinaloa, la región tepehuana, parte de lo que conocemos como Chihuahua; también recurrió a los textos del padre Eusebio Kino, misionero en Sonora, así como de Miguel Venegas en California y Nayarit.

La Historia de la Compañía de Jesús en Nueva España de Francisco Xavier Alegre, no solo se trata de una obra que basó su sustento en lo conocido y aprendido por los misioneros jesuitas del noroeste novohispano: en ella se devela parte del proceso complejo que significaba ser enviado a tierras ignotas con la finalidad de asentar misiones. También expresa la habilidad para entender procesos culturales de los pueblos que se encontraban en esos territorios, comprender sus cosmovisiones y con ello tratar de tamizar y empatar los procesos de creencia judeocristiana a la complejidad de hábitos, creencias y significados de lo que les rodeaba. Hoy representan para los pueblos indígenas aún existentes, parte de celebraciones y rituales; así lo demuestran muchas obras de arte y festividades que aún son objeto de devoción en aquellas latitudes.

Legajos, carteos denominados cartas annuas —llamadas así por lo interrumpido de su comunicación— e informes de los que echó mano Francisco Xavier Alegre para sustentar lo asentado en La Historia de la Compañía de Jesús en Nueva España, que hizo casi de memoria por las circunstancias ya explicadas, son hoy un referente único pues en gran medida lo citado se perdió en la noche de la historia. La única referencia es la escrita por el jesuita exiliado. También es de utilidad reflexionar sobre las complejidades de los procesos de asentamiento: son la comprobación de esa red comunicacional establecida al interior de la orden y es la posibilidad de revisar las crónicas dejadas por los protagonistas en los orígenes de una región, sus procesos de integración, la mentalidad de los presuntos implicados y que son al presente raíces históricas diversas y variopintas de la identidad cultural mexicana.



Bibliografía 
  • Bethell, Leslie. Historia de América Latina. 3. América Latina colonial: Sociedad y cultura. Barcelona, Cambridge University Press-Crítica, 1998.
  • Decorme, Gérard. La obra de los jesuitas mexicanos durante la época colonial. 1572- 1767. Tomo I: “Fundaciones”. México, Porrúa, 1941.
  • Gran historia de México ilustrada. Tomo II: “Nueva España: 1521-1750”, México, Planeta De Agostini-Conaculta-INAH, 2004.
  • Lozano Fuentes, José Manuel. Historia de España. México, CECSA, 1984. 
  • Revelaciones. Las artes en América Latina 1492-1821. México, Antiguo Colegio de San Ildefonso, 2007.

Historiador y Coordinador de Voluntariado y Servicios al Público de Colegio de San Ildefonso. 



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