San Ildefonso en el Tiempo | La Compañía de Jesús en la Nueva España

La Compañía de Jesús en la Nueva España

El 15 de agosto de 1534, Ignacio de Loyola, al lado de sus nueve compañeros de estudios de teología del colegio de Santa Bárbara en París, crearon un grupo que, después de aprender sus lecciones bajo el método de Ratio Studiorum, asistieron a enfermos y menesterosos, además de predicar en el nombre de Jesús. En aquellos años, tales actividades implicaban un riesgo, pues podían ser sometidos a juicio por su conducta herética. Sin embargo, Loyola contaba ya con experiencia sobre este tema; en España había sido llamado por sus prácticas asceticas y por redactar sus ejercicios espirituales. El acusado entonces argumentó en su defensa que había recibido inspiración divina y ayuda de la virgen.

El 27 de septiembre de 1540 fue decisivo para Loyola y sus compañeros, quienes ya se contaban por cientos en Francia e Italia, y no podían continuar sin la autorización del pontífice de Roma. Paulo III dio su aval para conformar la Societá Iesú, Compañía de Jesús, que inicio así su expansión y actividades en toda Europa.


Tan solo cinco años después de su fundación, el papel de los jesuitas fue fundamental en el Concilio de Trento (1545-1563) para reordenar y calmar la exaltación a nivel geopolítico. Las resultas de este encuentro ecuménico dieron origen a todo un proyecto de propagación de la cultura occidental en el mundo.

En poco menos de diez años los jesuitas llegaron a latitudes tan lejanas como Goa y Japón. Personajes como el padre Nobrega fundaron asentamientos en Sao Paulo, Brasil y Perú, hacia 1568; al mismo tiempo, colegios en Asia como el de Messina y Gandía fueron replicados más tarde en América.


La llegada de los jesuitas a la Nueva España en 1572 obedeció a un factor importante: la persuasión del padre Francisco Borja a Felipe II, rey de España, quien permitió el ingreso a Pedro Sánchez, a sus acompañantes y a Alonso de Villaseca. Este último les otorgó los solares para el establecimiento de los Colegios de San Pedro y San Pablo, San Miguel, San Bernardo y más tarde San Ildefonso. De este modo, la labor jesuita en territorio novohispano comenzó con la creación de centros educativos para formar a generaciones jóvenes que se dieron a la tarea de evangelizar el norte del virreinato de la Nueva España. Con ello inició un proceso de apropiación cultural del territorio, que habrá de perdurar por más de doscientos años, y que contribuyó al desarrollo de la sociedad novohispana. 

Jonatan Chávez

Historiador y Coordinador de Voluntariado y Servicios al Público del Colegio de San Ildefonso.


Bibliografía:


  • Chevalier, Jean. Historia de los latifundios en México. México. F.C.E. 1997.
  • Décorme, Gerard. La Obra de los Jesuitas mexicanos durante la época colonial. 1572- 1767. Tomo I Fundaciones. México, Porrúa, 1941.
  • Vargaslugo Elisa. “El Real y Más Antiguo Colegio de San Ildefonso”, en Antiguo Colegio de San Ildefonso. México, NAFIN, 1997.

Textos de internet:

http://fama2.us.es/fde/ocr/2006/sacrosantoConcilioDeTrento.pdf



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