MAESTROS MURALISTAS

Masacre del Templo Mayor

Jonatan Chávez*

Fue tanto el alboroto de la ciudad y la vocería que se levantó,

que a los montes hacia resonar y a las piedras

hacían quebrantar de dolor y lastima.

P.D. Durán. c. LXXVI

Tenochtitlan y la ciudad gemela, Tlatelolco, en términos de Eduardo Matos Moctezuma, son las dos únicas ciudades del altiplano de México y de Mesoamérica de las cuales conocemos su historia, su surgimiento, desarrollo y colapso. Aunque sea complejo acceder a ellas, pues sus restos yacen debajo de la ciudad moderna, de ambas conocemos los procesos históricos plasmados en las crónicas de sus conquistadores militares y espirituales.

Tenochtitlán fue fundada según los mitos, donde los aztecas, luego de una larga peregrinación y tal como se los había ordenado el dios Huitzilopochtli, encontraron un águila devorando una serpiente sobre un nopal, justo encima de donde cayó el corazón de Copil, líder guerrero enemigo de los aztecas. A partir de ese evento enmarcado en el año de 1325, el centro del universo mexica determinará su espacio de acción. La arqueología devela detalles que acentúan esa historia cada que del subsuelo se encuentran fragmentos de ese pasado.

Cuando Jean Charlot fue invitado por Vasconcelos para pintar un mural en San Ildefonso, cuyo complejo arquitectónico se erige sobre parte del centro ceremonial de la ancestral ciudad, el artista de ascendencia francesa abordó un hecho histórico controversial: la masacre en el  Templo Mayor perpetrada por los conquistadores comandados por Pedro de Alvarado, conforme a la instrucción de Hernán Cortés, en junio (Tóxcatl en el calendario mexica) de 1520, al momento en que la élite militar mexica conmemoraba a Tezcatlipoca y Huitzilopochtli. Para ello, Charlot recurrió a las crónicas del siglo XVI del Padre Durán sobre este evento, que desató la guerra entre mexicas y españoles.

La intención inicial de Charlot era tratar el tema sin posturas exacerbadas. La conquista la vio como un proceso humano, su óptica como extranjero le permitió adoptar un punto de arranque neutro, el resultado es una obra mural que puede leerse desde diversas perspectivas. Es sabido que el artista era religioso, en Francia comulgaba con el cristianismo social. Ello se deja entrever en el sentido sacro de su mural que muestra unos personajes en arrobamiento místico frente al comportamiento invasivo y destructor de los conquistadores.

Delante de un fondo oscuro, la escena cobra un halo de atemporalidad; el artista no pretende competir o completar lo que la crónica calla. Sabemos que se trata de un espacio sagrado pues justo en el momento de éxtasis, de danza y devoción, se ejecutó la masacre. La composición creada por Charlot contiene un glosario de elementos de múltiples significados en los que son visibles las asimetrías entre ambas civilizaciones: las flores, los tocados de plumas, los lienzos de algodón eran aliento y cuerpo para honrar a los dioses en la cosmovisión precolombina, frente a la dureza del hierro de las armaduras y de las lanzas de los conquistadores que todo lo despedazan a su paso y de los caballos que irrumpen y aterran a los naturales. Con ese arsenal se convencen de que aquella reunión constituye un levantamiento que debe ser aniquilado, a pesar de que los otros estaban desarmados.

La historia es la resulta de una amalgama de hechos que reafirman el presente, ello no significa que sean intocables, inamovibles o imposibles de releer, lo que no implica anularlos o eliminarlos. Entenderlos para reflexionar sobre nuestro presente es un deber. El muralismo que inició en San Ildefonso constituye un buen ejemplo manifiesto en la reflexión de Charlot:

A mi llegada a México, me sorprendió el contraste que representaba la espiritualidad de la raza indígena y la civilización mecanizada proveniente de Europa y después de Estados Unidos. Entre esas dos civilizaciones hubo y hay un impacto ya que son incompatibles. Una debe ceder a la otra. En este caso, la vencida es la indígena. Tal “choque entre razas” podría ser anecdótico, pero cuenta con una validez global como símbolo de un conflicto más general: aquel entre la búsqueda por lo bello y lo bueno y la búsqueda por el dinero y el placer.


*Historiador y Coordinador de Voluntariado y Servicios al Público del Colegio de San Ildefonso

BIBLIOGRAFÍA

  • Itinerario de Hernán Cortés. Catálogo de la Exposición, Centro de Exposiciones Arte- Canal. Madrid, Canal de Isabel II Gestión, 2015.
  • Roura, Alma Lilia, Olor a tierra en los muros. México, EDUCAL, 2010.
  • Seis ciudades de Mesoamérica. Sociedad y Medio Ambiente. México, INAH, 2011.
Descargar PDF>> http://www.sanildefonso.org.mx/docs/masacre.pdf

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