San Ildefonso en el tiempo

HISTORIA


Los relieves de la fachada norte y la catedra del salón Generalito, una aproximación a la iconografía jesuita.


Durante el periodo virreinal, la escultura al igual que la pintura se sometió al revestimiento y artificio arquitectónico; sin embargo, esta disciplina utilizó toda una serie de símbolos y conceptos que reforzaban el discurso del uso del espacio.

En el siglo XVI, la educación fue un pilar sobre el que descansaba la misión evangelizadora de la Compañía de Jesús, como el resto de las órdenes religiosas. Para ello, sustentó su labor en la creación de un calendario onomástico y devocional de advocaciones, que desde su origen cumplía la intención de servir a la Santa Iglesia.

La devoción mariana o marianismo, se convirtió en una veneración fundamental para la Compañía de Jesús. En las órdenes, las devociones cumplían con dos cometidos: la emulación de la vida de Jesús y la exaltación de la vida de los santos, que a la vez reafirmaban el ideario de la misión.

Los Colegios Jesuitas en la Nueva España estuvieron dedicados a santos y personajes, cuyas características funcionaron como ejemplo y aspiración a seguir para sus estudiantes. A dos años de llegar a tierras novohispanas, en1574, fundaron y consagraron el colegio Mayor a San Pedro y San Pablo (29 y 30 de junio, fiesta onomástica); el primero fue el discípulo de Jesús y cumplió la tarea casi imposible de llevar el evangelio a Roma, el segundo representa la misión de los gentiles, quienes luego de convertirse al cristianismo ven como única razón de vida atraer a otros al rebaño de la cristiandad; es decir, la evangelización, la fe y el sacrificio. Por lo tanto, ambos santos son referentes esenciales en la labor que todo integrante de la Compañía no debe olvidar en su quehacer cotidiano. Incluso los jesuitas trajeron a la Nueva España reliquias de estos santos, no solo con la intención devocional sino también de robustecer el calendario litúrgico, que reafirmara su sentido misionero.

Tras la instrucción del quinto general de la orden, el Padre Claudio Acquaviva, de fusionar los pequeños colegios en estructuras más sólidas, el Colegio de San Ildefonso nació de la unificación de dos colegios: uno consagrado al arcángel San Miguel (29 de septiembre) y el otro, a San Bernardo (20 de agosto). La primera fue una devoción muy arraigada en la sociedad novohispana, pues su imagen concentraba la representación de la fe y la fuerza con la que esta debe ser defendida. No podemos olvidar que la compañía de Jesús guarda en su organización el espíritu marcial de su fundador, quien fue un caballero militar, o que durante el Concilio de Trento los jesuitas fueron los prelados del Papa, incluso el espíritu combativo de la contrarreforma es en esencia jesuita.

Abad y doctor de la Iglesia, San Bernardo (1090- 1153) fue un monje cisterciense francés quien según cuenta la historia, durante su formación se sometió a penitencias agudas para controlar las tentaciones. Gracias a su templanza y castidad, virtudes propias de todo integrante de la orden, y por su sapiencia y sentido de defensa de la iglesia contra las herejías prevalecientes, le otorgaron un lugar dentro del grupo de los doctores, es decir, aquellos que argumentaban con base en las escrituras, como fue el caso de San Gregorio Magno (540-604).

San Ildefonso (607-667, 23 de enero fecha onomástica), obispo de Toledo, fue el primero en defender la gloria de la Virgen María y con ello sentó las bases para convertir el culto mariano en un pilar de la cristiandad, que se reafirmó durante la contrarreforma y que se ha mantenido sólido incluso después. En un tiempo en el que ni siquiera se la consideraba como un personaje fundamental, la reivindicación del obispo toledano en su disertación sobre la esencia y concepción de Jesús, reconsideró la trascendencia de la Virgen María. La importancia de San Ildefonso, el que defiende o el que argumenta (según el significado de su nombre), radica en que recurre a las Escrituras y a las disertaciones realizadas por sus antecesores, recaba información, ordena y escribe una suma teológica que sustenta con todo rigor las virtudes de la Virgen. En este procedimiento reside la escolástica cristiana medieval, el método educativo que prevaleció en Occidente hasta el Renacimiento.

Otro elemento esencial para entender al Santo al que estuvo consagrado el colegio jesuita más importante de la Nueva España, es que San Ildefonso fue un obispo cristiano, a diferencia de sus parientes, los primeros reyes visigodos llegados a España con las invasiones bárbaras, quienes fueron arrianos, una variante de los múltiples cristianismos, antes de convertirse al cristianismo propagado por la Santa Madre Iglesia Romana.

Fe, esperanza, caridad, fortaleza, templanza, justicia divina y prudencia en el ejercicio cotidiano conformaban las virtudes que los integrantes de la Compañía aspiraban al interior de los colegios; con estos valores, no solo se trataba de consagrar un espacio de manera aleatoria, detrás de cada consagración estaba todo el constructo de un lenguaje que avalaba la razón de existir de las órdenes religiosas.

El relieve historiado que representa a San José, cuya capa patrocina a los integrantes de la Compañía de Jesús al llegar a la Nueva España en 1572, posee significados que avalan su labor en una sociedad paternalista y representa los códigos morales de la época. El Santo al que fueron consagradas las tierras de la Nueva España, en sus brazos carga al Niño Jesús, en cuya mano porta un orbe que significa la propagación de la fe cristiana en ultramar; por lo que todos aquellos que salían de España, debían de encomendarse a él si deseaban llegar con bien a la capital novohispana, dedicada a la Asunción de María, con lo cual se completaba el cuadro de la Sagrada Familia.

En la parte central de la fachada del patio de novicios se encuentra una escultura de la Virgen del Rosario fabricada en alabastro, que en más de una ocasión se pensó que obedecía al catálogo devocional jesuita. Sin embargo, pertenece a una devoción dominica colocada a manera de agradecimiento a la orden que los protegió a su arribo a la Nueva España, pues la costumbre era que los recién llegados recibieran alojo y ayuda de los integrantes de otras órdenes.

En el salón El Generalito, aun se resguarda la cátedra, desde la que se impartieron múltiples materias a los coadjutores de la Compañía. Divido en tres planchas de madera de cedro, se distribuyen los símbolos del rosario mariano, flanqueados por cariátides talladas en ébano, que simbolizan la virtud y que fungen como sostén. Detrás se encuentra la representación del escudo de armas de Castilla y León, lo mismo que en la entrada principal del Colegio, solo que el de la cátedra está coronado con un cortinaje, símbolo de que la labor educativa de la Compañía fue avalada por el poder del Felipe III, quien les otorgó el patronato real a los jesuitas durante la segunda década del siglo XVII.
Sin duda, muchos otros elementos escultóricos revistieron el Colegio de San Ildefonso, que como se ha dicho, no fueron colocados en la estructura de manera accidental; todos seguían una congruencia religiosa devocional y de labor educativa propagandística. Las esculturas del Colegio de San Ildefonso representan una evidencia de la riqueza estética, de la suntuosidad, estilo y refinamiento alcanzado, que con el paso del tiempo aún es motivo de admiración.

Bibliografía

  • Decorme, Gerard. La Obra de los Jesuitas mexicanos durante la época colonial. 1572- 1767. Tomo I Fundaciones, México, PORRÚA, 1941.
  • Martínez, José Luis. Pasajeros de Indias. México. F.C.E. 1999.
  • Sellner, Christian Albert. Calendario Perpetuo de los Santos. España, EDHASA, 1994.
  • Vargaslugo, Elisa. El Real y Más Antiguo Colegio de San Ildefonso. en Antiguo Colegio de San Ildefonso. México, NAFIN, 1997.

¿Quieres saber más sobre la historia del Colegio de San Ildefonso?

    jchavez@sanildefonso.org.mx

Comentarios

Populares