San Ildefonso en el tiempo

HISTORIA

La sillería del coro del convento de San Agustín, en el Colegio Jesuita de San Ildefonso (I/II)


En 1890, Vidal Castañeda y Nájera, director de la Escuela Nacional Preparatoria realizó varias modificaciones al recinto jesuita, por lo que solicitó a la casa Zettler del Real Establecimiento de Baviera asentada en Múnich, Alemania, una serie de vitrales para colocarlos en los cubos de las escaleras del patio principal y del patio de los novicios. De este conjunto, el más destacado es el vitral alegórico La bienvenida, llamado así por la salutación Salve, colocado en el vano que dejó el mural al temple El triunfo de la ciencia y el trabajo sobre la envidia y la ignorancia, realizado en 1874 por el maestro Juan Cordero, a petición del doctor Gabino Barreda.

En ese mismo año, Vidal Castañeda solicitó a Juan Baranda, director de Instrucción Pública, la autorización para trasladar a la Preparatoria de San Ildefonso el conjunto de la sillería que se encontraba desarmada en el ex convento de San Agustín, ya que desde la aplicación de la ley de desamortización de bienes eclesiásticos de 1861 y de 1867, del presidente Benito Juárez, el convento agustiniano debía ser habilitado para albergar la Biblioteca Nacional. Autorizado el traslado, Nicolás Fuentes se encargó de instalar, de 1890 a 1895, la sillería en el Salón “El Generalito”, y ese último año, el maestro Ezequiel A. Chávez inauguró un ciclo de conferencias sobre los héroes de la Independencia.

La Orden Agustina llegó a la Nueva España en 1533, el proceso de asentamiento y el levantamiento del convento de la Ciudad de México comenzaron a partir de 1541 y concluyeron en 1587; sin embargo, en diciembre de 1676, la iglesia del convento se incendió. La reconstrucción inició un año después y debido a su costo, tomó casi veinte años para ser terminada.

En mayo de 1701, el Padre Provincial de la Orden Agustina del Santísimo Nombre de Jesús contrató al maestro tallador Tomas Xuárez y a su hijo Salvador de Ocampo para fabricar una sillería destinada al coro del convento. Para ese entonces, el taller del maestro Ocampo era uno de los más destacados y ya había llevado a cabo obras como el retablo de Metztitlán, en una misión agustiniana en la Sierra Alta de Hidalgo.

Como es sabido, en la Nueva España la organización gremial de los talleres se sujetaba a las disposiciones impuestas desde la metrópoli, bajo la genuina observancia de la imaginería de las representaciones religiosas, con el fin de evitar posibles distorsiones. De este modo, las órdenes religiosas eran cuidadosas y exigentes al momento de contratar la hechura, pues el primor de la obra requería que la calidad de los ayudantes fuera del mismo talante que el del maestro.

El taller de Salvador de Ocampo se encargó de todo lo relacionado al proceso de ejecución: los mejores asistentes, herramientas, colas y herrajes, mientras que los padres agustinos se dieron a la tarea de conseguir las maderas de caoba y cedro viejo, con la condición de que vez dentro, ya no se podían extraer fuera del convento.

El compromiso del taller era entregar la sillería al cabo de un año, es decir en mayo de 1702. En el transcurso de la elaboración, los padres agustinos proveyeron la imaginería de las Sagradas Escrituras, así como el costo total del mobiliario, que fue de ocho mil pesos en plata.

Con estas especificaciones del contrato es posible reflexionar sobre la complejidad de las relaciones laborales en la sociedad novohispana: primero, los gremios de las distintas disciplinas debían sujetarse a las disposiciones, en ello iba que los maestros y aprendices perfeccionaran su oficio para  agradar a quienes solicitaban sus servicios; por otro lado, los contratantes, desarrollaron todo un lenguaje de representación fuera del control de los artificies, pues eran ellos quienes les entregaban la referencia con la que se realizaría la imaginería de lo sagrado, y por último, el cuidado en la selección y el uso de los materiales era importante, tal es el caso del cedro viejo, un término para designar una madera que posiblemente provenía de otras obras y que por sus características es difícil de ser perforada por la carcoma. Respecto a la caoba, se trata de una madera resistente, de la que se obtienen cortes muy gruesos para la realización de profundos relieves, uno de los detalles más admirables de la sillería convento.

En la siguiente entrega revisaremos la iconografía agustiniana con la que se ejecutó la sillería del convento de San Agustín, en el Salón “El Generalito”.

Bibliografía

  • Arte de las Academias. México. Antiguo Colegio de San Ildefonso, 1999.
  • Maquívar, Ma. Del Consuelo. “La Sillería de El Generalito” en Antiguo Colegio de San Ildefonso, México, NAFIN, 1997.
  • Weckmann, Luis. La herencia medieval de México. México, F.C.E. 1983.

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Comentarios

  1. Gracias por regalarnos la historia y las imágenes

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  2. Excelente recorrido virtual por los hermosos salones del antiguo Colegio de San Ildefonso. Muchas felicidades y gracias por difundir la cultura y el arte en ese maravilloso lugar en el centro del corazón de México

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